cénit


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Ejemplos ?
El escritor no lo dice; pero la revelación del crimen la tuvo Bolívar antes de Í828, en Lima, cuando el Libertador estaba en el cénit de la omnipotencia.
(224) ¿Qué quieren esas nubes que con furor se agrupan Del aire transparente por la region azúl? ¿Qué quieren cuando el paso de su vacío ocupan Del cénit suspendiendo su tenebroso túl?
Hirviente multitud ondulaba en el sendero como flexible sierpe que colea; el sol, inflamado, rutilante en su cénit, pero de luz turbia y lívida, iluminaba, sin regocijarlo, el paisaje.
LXIII Pisó el cénit, y absorto se embaraza, rayos dorando el sol en los doseles que visten, si no un fénix, una plaza, cuyo plumaje piedras son noveles, de Dafnes coronada mil, que abraza en mórbidos cristales, no en laureles; turbado las dejó porque celoso a Júpiter bramar oyó en el coso.
I Al encorvar el Plata la gigantesca espalda y al sacudir las hebras de su espumosa crin, cuando recoge el cielo su brillantina gualda, y ensangrentadas chispas coronan el cénit; Cuando la mente vuela sobre flotante nube y el huracán arrulla con su potente voz, envuelto en el incendio que en espirales sube, quisiera pensamientos tan grandes como Dios, Para cantar, henchido de inspiración sublime, de un pueblo de valientes su inmenso porvenir; para pulsar mi lira que de entusiasmo gime y a par de la tormenta por los espacios ir.
Sería proceder en infinito si yo contase aquí los productos del reino vegetal, la Flora de aquella tierra predilecta del cielo, sobre la cual, según popular convencimiento y arraigada creencia, está verticalmente colocado, en el cénit, el trono de la Santísima Trinidad.
Hay artistas que no es que mantengan una opinión demasiado elevada del arte, pues esto es imposible, pero que, sin embargo, no son suficientemente libres Como para elevarse ellos mismos por encima de su cénit.
Y las horas suceden a las horas, el sol sube al cénit, desciende; la tarde llega, declina, y el crepúsculo, surgiendo al ras del horizonte, alza y extiende cada vez más a prisa su penumbra inmensa.
Brillaban las estrellas en el cielo y le describí los signos del Zodiaco, indicándole a Marte, que era un puntito de luz brillante en el cénit y hacia el cual apuntaban entonces tantos telescopios.
Audaz mi pensamiento El cénit escaló, plumas vestido Cuyo vuelo atrevido —Si no ha dado su nombre a tus espumas— De sus vestidas plumas Conservarán el desvanecimiento Los anales diáfanos del viento »Esta, pues, culpa mía El timón alternar menos seguro Y el báculo más duro Un lustro ha hecho a mi dudosa mano, Solicitando en vano Las alas sepultar de mi osadía Donde el Sol nace o donde muere el día.
¡Oh, Templo, cuyas leyes divinas, como el cielo, no pueden ser derogadas, Cuyos ritos sagrados, como la tierra, no pueden ser sacudidos, Cuyas leyes divinas son semejantes a las leyes divinas del Abismo: nadie puede mirarlas, Cuyo «corazón» parece un santuario inaccesible, desconocido como el cénit...
La circunferencia de la rosa de los vientos se mide angularmente en sentido horario partiendo del cénit (12 horas) donde se coloca el punto N (norte).