Ejemplos ?
Una noche, al salir de una soirée, como lloviendo a cántaros, Sarito, que iba acompañada de su mamá, ofreció a Cristóbal llevarle en su automóvil, donde sobraba un asiento.
Los niños, que llevaban pendientes de la cintura unas hachas pequeñas, las cogieron y se pusieron a cortar con ellas ramas de árboles y lozanos arbustos que las piñas colocaban en montones delante de todas las tiendas. Hecho esto, los rociaron bien con un líquido que llevaban en pequeños cántaros y a un tiempo les prendieron fuego.
SILENO Veo junto a la orilla el casco de una nave griega y a los dueños del remo con un jefe caminando hacia esta cueva, y junto al cuello llevan cacharros vacíos, les falta comida, y cántaros para agua.
Unos hablaban de hilván, otros a borbotones, otros a chorretadas; otros habladorísimos hablan a cántaros, gente que parece que lleva pujo de decir necedades, como si hubiera tomado alguna purga confecionada de hojas de Calepino de ocho lenguas.
19 Llegó pues Gedeón, y los cien hombres que llevaba consigo, al principio del campo, á la entrada de la vela del medio, cuando acababan de renovar las centinelas; y tocaron las bocinas, y quebraron los cántaros que llevaban en sus manos: 20 Y los tres escuadrones tocaron las bocinas, y quebrando los cántaros tomaron en las manos izquierdas las teas, y en las derechas los cuernos con que tañian, y dieron grita: ¡La espada de Jehová y de Gedeón!
Cuando fundó Pizarro la ciudad, tenían los vecinos que ocupar un do­ méstico para que, en grandes cántaros de barro, trajese del río al hogar el refrigerante e imprescindible líquido.
Sírvense también de una partida de dichas patatas para componer cierta bebida que llaman maíz: córtanlas en piezas menudas y las cubren de agua caliente donde, habiéndose bien empapado, las exprimen por un lienzo algo ralo y el licor algo espeso que sale, guardan en cántaros hechos para este efecto, que reposado dos o tres días comienza a fermentar y depuestas las heces, beben de él con gusto teniéndole un poco ácido mas muy agradable, sustancioso y sano.
Aumentó la lluvia, y cayó al fin como si la echaran a cántaros, paró toda el agua con su espada, y permaneció hasta el fin, mojándose tan poco como si hubiera estado a cubierto dentro de un cuarto.
Sí, giraba, pero tú no volvías. Me acuerdo de un día que estaba lloviendo a cántaros, el basurero se paró frente a la puerta de la casa donde yo servía.
Las pobres mujeres salían sin aliento, anonadadas del templo, echando, como era natural, la culpa de aquella calamidad a los unitarios. Continuaba, sin embargo, lloviendo a cántaros, y la inundación crecía acreditando el pronóstico de los predicadores.
O ya fuese por esto, o porque la suerte así lo ordenase, en un paso estrecho, al bajar de la cuesta, encontró con un asno de un aguador que subía cargado; y, como él descendía y su asno era gallardo, bien dispuesto y poco trabajado, tal encuentro dio al cansado y flaco que subía, que dio con él en el suelo; y, por haberse quebrado los cántaros, se derramó también el agua, por cuya desgracia el aguador antiguo, despechado y lleno de cólera, arremetió al aguador moderno, que aún se estaba caballero; y, antes que se desenvolviese y hubiese apeado, le había pegado y asentado una docena de palos tales, que no le supieron bien al Asturiano.
Una ciudad estaba bañada por el sol del mediodía; sobre la que visitaba a continuación, la luna, quizá, estaba saliendo y estaban apareciendo las estrellas; mientras la tercera estaba envuelta en el silencio de la medianoche. En París, recuerdo, estaba lloviendo a cántaros, y en Londres reinaba una niebla suprema.