cántaro


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cántaro

(Del lat. cantharus, especie de copa grande, de dos asas < gr. kantharos.)
1. s. m. Recipiente grande, de barro o metal, de boca estrecha y ancha de barriga.
2. Cantidad de líquido que cabe en un cántaro.
3. a cántaros loc. adv. Con abundancia, muy fuerte aquella tarde llovió a cántaros.

cántaro

 
m. Vasija grande de barro o metal, de boca angosta, barriga ancha y pie estrecho, gralte. con una o dos asas.
Vasija en que se echan las bolas para hacer sorteos.
A cántaros. loc. adv. En abundancia, con mucha fuerza: caer, llover, o echar, a cántaros.

cántaro

('kantaɾo)
sustantivo masculino
vasija de boca angosta con manijas cántaro de agua
Sinónimos

cántaro

sustantivo masculino

llover a cántaros locución diluviar.
Traducciones

cántaro

cruche

cántaro

jug, pitcher

cántaro

投手

cántaro

投手

cántaro

kande

cántaro

투수

cántaro

SM
1. (= vasija) → pitcher, jug; (= cantidad) → jugful
a cántarosin plenty
llover a cántarosto rain cats and dogs, rain buckets
2. cántaros (= pechos) → tits
Ejemplos ?
Nuestros corazones se cansan; venimos”, dijeron. “Ved el fondo del cántaro; no se puede tapar”, respondió la abuela. Al instante ellos lo taparon.
¡Vamos, ven tú acá, prenda mía! Y esto se lo dijo al cántaro, disponiéndose a sacarlo del enorme pilón de piedra. -¡Eso si que no lo consiente mi persona!
-exclamó en aquel instante don Paco, y abalanzándose a la muchacha, arrancó de sus manos el cántaro y se lo colocó torpemente en la cintura.
Yo ninguna esperanza le di. -Mientes, Mariposa. Tú me dijiste que tanto va el cántaro a la fuente... -Usted tómalo todo al pie de la letra.
-Id -les respondió-, y llegados a la primera fuente seguid a un hombre que, lleno el cántaro, lo asienta en la cabeza y vuelve a su casa.
Entonces, envía a dos de sus discípulos y les dice: Id a la ciudad; os saldrá al encuentro un hombre llevando un cántaro de agua; seguidle 14.
Ya no colgaban de los árboles de sus sotos, en vez de frutos, racimos de hombres; las muchachas del pueblo no temían al salir con su cántaro a la cabeza a tomar agua de la fuente del camino, ni los pastores llevaban sus rebaños al Segre por sendas impracticables y ocultas, temblando encontrar a cada revuelta de la trocha a los ballesteros de su muy amado señor.
Sin embargo... ¡tantas veces iba el cántaro a la fuente...! El cántaro venía a ser su castidad, y la fuente doña Tula, su patrona (¡otra patrona!), hipócrita como Engracia, amiga de su buena fama, pero más amiga del amor.
-Pero no ve usté que el de los Espolones está en mi casa aguardándome y que si ve llegar a ese gachó con el cántaro se va a armar una que ni la del Gurugú, señora.
Y algunos minutos después, cuando ya el famoso don Paco, jadeante y cubierto de sudor, veía destacarse a lo lejos el pequeño balcón lleno de flores y enredaderas, donde solía ver luciendo sus gallardías a la hembra de sus pensamientos; cuando ya divisaba cercano el fin de la fatigosa caminata y disponiase a gozar de su triunfo, vio, lleno de asombro y de ira, pasar por su lado, suelta y gallarda, rápida y sonriente y llevando su cántaro al cuadril, a Dolores la Jarampera.
El cántaro ritual yacía sobre una manta de madroños rota en veinte pedazos; machos y hembras, hecha reverencia a su monarca, formaban dos grupos a un extremo y otro del bosque; sus criaturas oscilaban entre los dos grupos; al fondo, enjaezadas con orejeras y borlones, alineábanse las caballerías, y en el centro de la natural decoración, Estrella y Lolo, cogidos por las manos y apretándolas firme, contaban los pedazos del cántaro.
-¡Pero qué es esto, chavó, qué es esto! ¿De quién es ese cántaro? -exclamó con acento colérico. -De quién ha de ser sino de usté y mío -repúsole la señora Rosario, deteniéndose junto a él y mirándole con implacable ironía.