cáliz

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cáliz

(Del lat. calix, copa.)
1. s. m. RELIGIÓN Copa para consagrar el vino en la misa católica la norma exige que el cáliz sea de metal precioso. vaso litúrgico
2. literario Copa o vaso.
NOTA: En plural: cálices

cáliz

(Del lat. calyx < gr. kalyx.)
s. m. BOTÁNICA Parte de las flores que forma su cubierta más externa y el receptáculo de su base, generalmente verde y de la misma naturaleza de las hojas.
NOTA: En plural: cálices

cáliz

 
m. liturg. Vaso que contiene el vino en la celebración eucarística.
poét.Copa o vaso.
bot. Cubierta externa de las flores completas. Está formado por hojas modificadas llamadas sépalos.

cáliz

('kaliθ)
sustantivo masculino
1. religión vaso sagrado que se usa en ceremonias religiosas cáliz ceremonial
2. botánica parte externa de hojas que cubren a la flor flor de cáliz irregular
Sinónimos

cáliz

sustantivo masculino
(formal)copa, vaso*.
Traducciones

cáliz

calyx, chalice, goblet, The Cup, cup, mug

cáliz

calze

cáliz

Becher, Kelch

cáliz

calice

cáliz

calice

cáliz

calix

cáliz

kelk

cáliz

kalk

cáliz

kielich

cáliz

kalk

cáliz

cálice

cáliz

SM
1. (Rel) → chalice, communion cup; (= copa) → goblet, cup
cáliz de amargurabitter cup, cup of sorrow
2. (Bot) → calyx
Ejemplos ?
27 Ministro del añejo, chico, falerno: sírveme a mí los cálices más amargos, como la ley de Postumia manda, la maestra, que una ebria baya más ebria.
Huelga la luz en las tupidas frondas; el viento canta en el manglar sombrío; y tiembla el junco entre las claras ondas. Junto al verde tablero del plantío mueven el sol sus cálices rosados las abiertas campánulas del río.
-Vamos, caballeros -dijo el Tulipa, que presenciaba la borrascosa escena tamborileando tranquilamente con los dedos en uno de los cálices vacíos-, que no hay razón pa que a dos hombres tan de chipé como lo seis dambos se les agrie la saliva.
Arrendaron un vasto almacén en la calle de Bodegones, adornando una de las vidrieras con pectorales y cruces de brillantes, cálices de oro con incrustaciones de piedras preciosas, anillos, arracadas y otras prendas de rubí, ópalos, zafiros, perlas y esmeraldas.
- Chí, cheñó- contestó el obispo. Los catalanes sacaron a lucir cálices de primoroso trabajo artístico. Tras los cálices vinieron cruces y pectorales de brillantes, cadena de oro, anillos, alhajas para la Virgen de no sé qué advocación y regalos para las monjitas de Huamanga.
Gigantescas mariposas, azules como el cielo las unas, negras como mis sombrías ideas las otras, encarnadas y de variados matices las más, volaban de una en otra planta, bebiendo en los cálices de las flores las perlas de la aurora.
rimavera. Ya las azucenas floridas y llenas de miel han abierto sus cálices pálidos bajo el oro del sol. Ya los gorriones tornasolados, esos amantes acariciadores, adulan a las rosas frescas, esas opulentas y purpuradas emperatrices; ya el jazmín, flor sencilla, tachona los tupidos ramajes, como una blanca estrella sobre un cielo verde.
en, dulce paz, como sereno día Tras niebla obscura de dolor aciago, Como sueño infantil; Como soplo feliz del aura fría Al regalar el cefirillo vago Los cálices de abril; O ven como el rocío de la noche Que pende de una rosa no tocada, Cual lágrima de amor, Y destilado en su purpúreo broche Nutre toda su pompa regalada Con cristalino humor.
Para gozar sus rayos bienhechores entreabrían su cálices las flores, manso alzaban las ráfagas murmullo en la hojarasca espesa, y a su tranquilo y deleitoso arrullo despertaban los pardos ruiseñores.
Tal vez sería un rayo de sol que serpenteó fugitivo entre su espuma; tal vez sería una de esas flores que flotan entre las algas de su seno y cuyos cálices parecen esmeraldas...; no sé; yo creí ver una mirada que se clavó en la mía, una mirada que encendió en mi pecho un deseo absurdo, irrealizable: el de encontrar una persona con unos ojos como aquellos.
Y cuando el champaña hervía en los cálices cristalinos, me acordé de los dos guardias que acaso entonces llegarían calados, transidos de frío, a la casa-cuartel del lugarejo lejano, y descubrí sus tricornios de charol, goteando el agua de la tempestad, sus capetas mojadas, sus polainas llenas de barro, y como recompensa de este esfuerzo diario, la mísera cena de legumbres, con la esposa harta de trabajar, con los chicuelos andrajosos, condenados a vivir de pueblo en pueblo, sin esperanza de un oficio útil, desprovistos de toda posibilidad de cultura.
En cambio los cirios dados por Aurora continuaban derechos sobre el altar, y sus flores, hijas de los campos, las rojas amapolas, las blancas margaritas de corazón de oro, las azules campanillas, parecían lucir con más gala y esplendor que nunca sus bellos matices, adornando sus cálices las perlas del rocío.