butaca


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butaca

(Voz caribe.)
1. s. f. Sillón acolchado, con brazos y con el respaldo inclinado hacia atrás.
2. CINE, TEATRO Asiento de un cine o un teatro nos sentamos en butacas separadas.
3. ESPECTÁCULOS Billete de entrada para ocupar un asiento en un espectáculo.

butaca

 
f. Silla de brazos con el respaldo inclinado hacia atrás.
teat. Asiento de patio.

butaca

(bu'taka)
sustantivo femenino
1. silla grande con brazos y respaldo reclinable las butacas del avión
2. cine teatro asiento de teatros y cines Guarda una butaca cerca del escenario para mí.
3. entrada a un espectáculo butacas agotadas
Sinónimos

butaca

sustantivo femenino
(de patio) localidad, asiento, plaza.
Butaca se utiliza en concreto hablando de teatros o cines. Ejemplo: reservamos tres butacas para la función de las cuatro. Localidad, asiento y plaza, refiriéndose a cualquier tipo de espectáculo público. Ejemplo: su familia dispone de tres localidades en la plaza de toros del pueblo.
Traducciones

butaca

fauteuil

butaca

poltrona

butaca

lenoška

butaca

lånestol

butaca

Sessel

butaca

nojatuoli

butaca

naslonjač

butaca

安楽椅子

butaca

안락 의자

butaca

leunstoel

butaca

lenestol

butaca

fotel

butaca

länstol

butaca

เก้าอี้นั่งเล่น

butaca

koltuk

butaca

ghế bành

butaca

安乐椅

butaca

SF
1. (= sillón) → armchair, easy chair
butaca orejerawing-chair
2. (Teat) → seat
butaca de platea, butaca de patioseat in the stalls o (EEUU) orchestra
Ejemplos ?
El médico la encontró muy aliviada a la mañana siguiente; y, como pasó también el día cada vez más tranquila, la segunda noche se retiró Angustias a su cuarto después de las dos, cediendo a las tiernas súplicas de su madre y a las imperiosas órdenes del Capitán, y Rosa, se quedó de enfermera... en la misma butaca, en la misma postura y con los mismos ronquidos que veló a don Jorge la noche que lo hirieron.
Don Jorge se retorció los bigotes, según hacía siempre que barruntaba tempestad, y sentóse en el filo de una butaca, mirando a un lado y otro con aire y desasosiego de reo en capilla.
Algunas veces el orador antimetafísico y empecatado decía: «Los que nos sentamos en estos bancos creemos que tal y que cual». Zurita saltaba en la butaca azul, porque él no creía aquello.
Alucinado el oído como la vista, Paulino escuchaba el murmurio de la muchedumbre, más grosero en las localidades altas, más cínico en las bajas, y fijándose espectador por espectador, sorprendía en las pupilas la chispa codiciosa, y en los labios péndulos de los vejetes la baba impura, y el guiño significativo trocado de butaca a butaca, y las palabrillas picantes susurradas a media voz...
¡Manín! Pedidle a Amparo una butaca y traedle en ella al hotel. -Lo malo será -insinuó Mercedes- que si Carlos se marcha pasado mañana, va usted a aburrirse mucho.
Pero también recordó algo parecido en Balzac; recordó a la Princesa que se enamora de un pobre republicano que la contempla estático desde una butaca del teatro...
Detrás de mí solía sentarse Magrujo, revistero de El Harpa -periódico semiclandestino-, cuyo suspirado y jamás cumplido ideal era una butaca de favor, para darse tono y lucir cierto frac picado de polilla y asaz anticuado de corte.
Entré en el comedor, que era donde se la había dejado; estaba oscuro y desierto, pero una puerta de comunicación entre aquella habitación y el estudio del doctor, donde había luz, estaba abierta, y me dirigí allí para decir lo que deseaba y pedir una vela. El doctor estaba sentado en su butaca al lado de la chimenea y su mujer en un taburete a sus pies.
Sentada muy derecha en su butaca, con aire majestuoso, imperturbable, impasible, parecía que nada en el mundo sería capaz de turbarla.
Este mortal iniciado podía disfrutar butaca gratis, pues desde el empresario hasta el último tramoyista, todo el mundo era amigo de don Saturnino Armero; pero iba al paraíso por no mudarse camisa después de embaular el garbanzo.
El doctor recorrió dos o tres veces la habitación; después se acercó al sitio donde estaba su butaca, y apoyándose en el respaldo y enjugándose de vez en cuando las lágrimas, nos dijo, con una rectitud y sencillez que le hacían mucho más honor que si hubiera tratado de ocultar su emoción: -Tengo mucho que reprocharme.
¡Obedecer es ley! -Siéntate ahora ahí -dispuso nuevamente el marido, solemne y grave de pronto, señalando a una butaca. Y así que la empantalonada niña se dejó caer en ella, el esposo pronunció-: He querido que te pongas los pantalones en este momento señalado para que sepas, querida Clotilde, que en toda tu vida volverás a ponértelos.