Ejemplos ?
Su boca torcida se encorva aún más con su burlona sonrisa; en sus mejillas dos manchas rojas y unos acentos a la vez sordos y silbantes se escapan de entre sus dientes irregulares.
Allí estaba el protector de la nueva situación, el del epigrama, que iba a gozar de su triunfo subrepticio. Arqueta reparó que le miraba y le saludaba aquel prócer con sonrisa burlona, tal vez despreciativa.
Ocúltase aquí una burlona alusión a una persona de mi casa, de la que espero se ocupe del porvenir de mis hijos si yo llegase a faltar, pues es más joven que yo.
¿Y si yo solito pudiera agenciarme tantos parneses como agenciamos reuníos?-le preguntó el del Sonajero a su mujer, sonriendo irónicamente y mirándola de hito en hito. Rosario contempló al Niño con expresión burlona, y exclamó, encogiéndose de hombros: -¿Y cómo irás tu a ganar tanto dinero?
Calló un momento Violeta, entusiasmada de veras, y hermosísima en su exaltación; mirome en silencio, miró con sonrisa de lástima burlona a un grupo de muchachos elegantes que pasaban, y siguió diciendo: «¡Qué ridículos me parecen esos buenos mozos con su frac y sus pantalones!...
Y la mirada burlona de la hermana pequeña -una chicuela despabilada ya- se le clavará a la mayor, como alfiler de a ochavo, en la cara y en las entrañas...
Porque en medio del mundo sé poner sobre mi cara una máscara burlona; y sin embargo, cuántas veces a la vista de un cementerio, de un claro de luna, me he preguntado si no haría mejor yendo a reunirme con aquellos que están durmiendo...
Cura, gobernador y representante de la real hacienda brincaron de gusto, imaginándose ya dueños de un nuevo y mayor tesoro. Sólo el indio permanecía impasible y de rato en rato se dibujaba en su rostro una sonrisa burlona.
-Lea usted lo que dice aquí este fraile, al que declaro desde hoy más sabio que Salomón y los siete de la Grecia. ¡Boliviano había de ser! -añadió con cierta burlona fatuidad. Estenós tomó el libro.
Pasó la noche, pasaron los días, las semanas y los meses; no supo, ni quiso saber nada de la desconocida que así había cruzado su vida, más bien que brillante meteoro, caprichoso candil, de luz empañada; ni se informó siquiera de lo que hubiera sido fácil indagar, conformándose con vivir como lo había hecho antes, pero no tan solo, ya que tenía un compañerito; aceptando con su jovial indiferencia de siempre las bromas sobre sus pasajeros amores, su paternidad y su viudez, cuidando como madre cariñosa a la pobre criatura que la suerte burlona le había regalado.
-¡A ver! Esos golpes saben ser malos... VECINA 1ª. -( Burlona .) ¡Ah!... Se le puede formar un cáncer... Llamen a la Asistencia...
-Yo no se lo hubiera contado a usted, nunca, señor Capitán, por miedo de irritarlo -expuso la joven entre modesta y burlona, o sea bajando los ojos y sonriendo con mayor gracia que antes-.