Ejemplos ?
Y para los que aguardan, si aún les queda la gana de esperar, sucumbe una vez más la ilusión; esa burda masturbante de los trasnochados cursis.
Porque el estado ignoraba absolutamente esta vertiente, la cual era incomparablemente la vertiente mayor de la cuestión de la libertad, su pretensión de defender las libertades de los ciudadanos era una mofa tan burda, como la de garantizar sus vidas.
Viejo y magro, pero fuerte, mellado, la cara seca, calvo, la barba entrecana y la tez tosca y morena. De estezado una ropilla, calzas de burda estameña, la capa de pardo monte, y el sombrero de alas luengas, era su traje.
Las monjas ya sabe usted que son benedictinas, muy damas, contemplativas, aristocráticas, del tiempo en que no se concebían estas monjas de ahora, seculares, de ropa burda y zapatos gordos.
IX Consumida su materia en arcones de cenizas su silueta de extraviado se quedó sin una misa acabada no sé cuando en la burla de sus días. Y el cincel de su ironía esculpiendo su existencia modeló sin precisiones las inhóspitas cadencias de su burda alegoría.
Dióselo Apolo, y él comenzó a delirar de esta manera: «Reverberante Numen, que del Istro al Marañón sublimas con tu zurda al que en ritmo dulcísono te urda elogio al son del címbalo y del sistro. Si la alígera prole de Caístro blandos ministra acentos a mi burda armónica pasión, ¡ay!
F.U.: A lo mejor lo hace la CIA. M.A.B.: Sí quizá la CIA, pero una cosa muy, muy burda. R.R.H.: Cabía tanto para Argentina, como para Centroamérica o Brasil, o para Chile.
La taberna sentíase halagada por la presencia de un huésped que llevaba tras sí la concurrencia, e iban entrando los admiradores a bandadas; no habían bastantes manos para llenar porrones, esparcíase por el ambiente un denso olor de lana burda y sudor de pies, y a la luz del humoso quinqué veíase a la respetable asamblea, sentados unos en los cuadrados taburetes de algarrobo con asiento de esparto y otros en cuclillas en el suelo, sosteniéndose con fuertes manos las abultadas mandíbulas, como si éstas fueran a desprenderse de tanto reír.
Muchas veces hemos constatado cómo los libros de texto, productos de la gratuidad o de la compra, terminan en las librerías de viejo, cuando no en la bodega y hasta en la basura, pues con frecuencia la mayoría de tales libros escolares no satisfacen mayores necesidades que las triviales de un programa elemental que a su vez constituye una reducción, en ocasiones absurda o burda, de programas de educación superior.
Señorías, un argumento sentido no es un argumento torpe. Torpe es quien, carente de argumentos, recurre a intentar deslegitimar al otro como burda herramienta de diálogo.
Considerando: que si bien esos propósitos están claramente consignados en el Plan de Ayala, estandarte y guía de la revolución, hace falta aplicar aquellos principios a la nueva situación creada por el derrocamiento del maderismo y la implantación de la dictadura huertista, toda vez que el Plan de Ayala, por razones de la época en que fue expedido, no pudo referirse sino al régimen creado por el General Díaz y a su inmediata continuación, el gobierno maderista, que sólo fue la parodia de la burda falsificación de aquél.
Como en todas partes, ellos transforman la materia burda en objetos sorprendentes y expresan sus emociones con aquella transparencia que, cuando adultos, casi todos perdemos.