Ejemplos ?
Viveza de fantasía, aticismo de buen gusto, delicadeza en las imágenes, expresión natural, á i vez que correcta y conceptuosa, son las dotes que más sobresalen en la ilustrada autora de las Tradiciones Cuzqiieñas.
Las siete cortesanas de Ferrara, los amigos de don Juan y el mismo Príncipe lanzaron un grito de horror. Doscientos años más tarde y bajo Luis XV, las gentes de buen gusto hubieran reído ante esta ocurrencia.
Es hermoso, asomarse a un colgadizo, y ver vivir al mundo: verlo nacer, crecer, cambiar, mejorar, y aprender en esa majestad continua el gusto de la verdad, y el desdén de la riqueza y la soberbia a que se sacrifica, y lo sacrifica todo, la gente inferior e inútil. Es como la elegancia, mi María, que está en el buen gusto, y no en el costo.
«Sancho, dijo de repente el conde, escancia Borgoña, que aunque es licor extranjero, deja buen gusto en la boca.» Lo cual la condesa oyendo intervino presurosa: «Estrella, sírvele al conde; Sancho, trincha tú esa lonja, que aunque de parte escogida no tiene punto de sobra.» Palideció un tanto Estrella asiendo al punto la copa, y asió del cuchillo Sancho con mirada escrutadora.
Media docena de esos hombres de buen gusto, que a todo van a un baile más que a bailar, se hicieron las siguientes reflexiones: «Que la pasión de la danza tiene hondas raíces en la buena sociedad de este pueblo, es innegable: nosotros la hemos visto bailar sobre el húmedo retoño de las praderas, entre las coles y cebollinos de las huertas, sobre los guijarros de la Alameda y sobre los adoquines del Muelle; derretirse los sesos bajo un sol africano a las cuatro de la tarde, por llegar a las cinco a la romería y bailar en ella hasta las siete; volver después, al crepúsculo, medio a tientas, por callejas y senderos, y aliquando meterse en barro hasta las corvas...
Volveré, y puede que más adelante hablemos juntos muy fríamente de nuestros antiguos amores. ¡Adiós!» Y había un último adiós, separado en dos palabras: «¡A Dios!», lo cual juzgaba de muy buen gusto.
Como no hemos de acordar ciencia infusa á nuestras com- patriotas de pasados, presentes y venideros siglos, está dicho que noü resistimos á creer que las dos imaginadas poetisas hubieran, sin muchos años de lectura y de estudio, alcanzado á versificar con la corrección y buen gusto que en la silva y, más que en ella, eñ los tercetos de Clarinda nos cautivan.
Diciendo esto, se cogió de mi brazo, y la acompañé hasta su casa. La residencia era hermosísima, amueblada con muy buen gusto. Sin embargo, no me siento autorizado para juzgar a fondo, ya que cuando llegamos era de noche, y en las casas norteamericanas, aun en las más elegantes, no se encienden las luces mientras dura el calor del verano, pasado el anochecer.
Llegaba a él por entre grupos de lilas y extensos estanques, siendo saludado por los cisnes de cuellos blancos, antes que por los lacayos estirados. Buen gusto.
En vista de esto -añadía precipitadamente la niña al notar las nubes de desconfianza y precaución que iban cubriendo la faz de su interlocutora-, hemos resuelto ser en breve más ricas que nunca. Yo tengo disposición, buen gusto, algo de chic.
Esta es otra traba tan irregular como las anteriores: un país que empieza a prosperar no puede ser privado de los muebles exquisitos que lisonjean el buen gusto, que aumentan el consumo.
Cerezo.- El gusto es entre agrio y dulce. El cerezo da un fruto encarnado y blanco y del tamaño de una avellana; es de buen gusto pero muy dañoso.