buen

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buen

adj. Apócope de bueno ha sido un buen año.

buen

 
adj. Apócope de bueno. Se usa precediendo inmediatamente a un sustantivo, como b. hombre, o a un verbo en presente de infinitivo, como b. andar.

buen

('bwen)
abreviación
1. apócope de "bueno" buen ejemplo
2. que realiza bien su trabajo o función buen padre
3. que tiene mucha habilidad y realiza muy bien algo un buen actor
4. que es agradable, deseable pasar un buen día un buen clima
5. que tiene gran tamaño, intensidad, valor o cantidad un buen reto
6. que sucede en un momento inesperado y es repentino Un buen día, se despertó y me dijo que se iba.
Traducciones

buen

goed

buen

God

buen

Hyvä

buen

טוב

buen

Bra

buen

ดี

buen

ADJ
V bueno
Ejemplos ?
Y la vieja, entre dos chupadas, declaró sentenciosamente: -El que con chiquillos se acuesta... Yo, ende viendo uno (que sea ajeno, que sea mi nieto), le levanto la ropa y le pego un buen azote...
El único que no preguntaba, y hasta ponía cara de fisga, era Jácome Fidalgo, alias Mansegura, cazador furtivo injerto en contrabandista y sabe Dios si algo más: ¡buen punto!
No es culpa mía si no tengo personalidad suficiente ni otros títulos que un amor tan grande como sin correspondencia, al hacer a usted semejante ofrecimiento, que le suplico acepte, en debida forma, de un apasionádo y buen amigo atento y seguro servidor, que besa sus pies.
Hágame el obsequio de no tardar mucho. -¡Buen modo tiene usted de respetar la memoria de mi madre! ¡Bien cumple los encargos que le hizo en favor de esta pobre huérfana!
Pero como aquel prócer era hombre de muy buen humor y tenía muchas noticias de Heredia, célebre por sus chistes, por sus cambalaches y por su amor a lo ajeno..., con permiso del engañado dueño, dió orden de que dejasen pasar al gitano.
¡Podía usted haberme notificado a solas todas esas sentencias! ¡El ser buen médico no releva de tener buen corazón! ¡Dígolo, porque ya ve usted qué cara tan larga y tan triste ha hecho poner a mis tres Marías!
Y como el novio no podía, ¡qué había de poder, malpocadiño!, subir por su pie la escarpada cuesta que conduce al Plomo desde la carretera entre Cebre y Vilamorta, ni tampoco sostenerse a caballo, se discurrió que dos fornidos mocetones de Gondelle, hechos a cargar el enorme cestón de uvas en las vendimias, llevasen a don Fortunato a la silla de la reina hasta el templo. ¡Buen paso de risa!
¡Asistir al viejecito! Vaya: eso sí que lo haría de muy buen grado Inés. Día y noche -la noche sobre todo, porque era cuando necesitaba a su lado, pegado a su cuerpo, un abrigo dulce- se comprometía a atenderle, a no abandonarle un minuto.
Doña Teresa le condujo a su gabinete situado al extremo opuesto de la sala, y, una vez establecidos allí en sendas butacas los dos sexagenarios, comenzó el hombre de mundo por pedir agua templada con azúcar, alegando que le fatigaba hablar dos veces seguidas, desde que pronunció en el Senado un discurso de tres días en contra de los ferrocarriles y los telégrafos; pero, en realidad, lo que se propuso al pedir el agua, fue dar tiempo a que la guipuzcoana le explicase qué generalato y qué condado eran aquellos de que el buen señor no tenía anterior noticia, y que hacían mucho al caso, dado que iban a tratar de dinero.
Y son culpables los que mantienen una guerra de denuestos y zancadillas comenzada hace ya buen tiempo por los representantes de las dos más grandes potencias del campo socialista.
- Dijo: «Caballeros, lo que vamos a hacer no lo sabrá nunca Parrón.» - Nunca..., nunca... -tartamudearon los bandidos-. - Márchese V., buen hombre... -exclamó entonces uno que hasta lloraba-.
Los ladrones sacaron los veinte duros y se los dieron al segador, el cual se arrojó a los pies de aquel personaje que dominaba a los bandoleros y que tan buen corazón tenía.