bucle

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bucle

(Del fr. boucle < lat. buccula, boquita, guarnición de metal que llevaban los escudos.)
1. s. m. Rizo de cabello, tirabuzón unos azabachados bucles le caían sobre su pálido rostro.
2. INFORMÁTICA Conjunto o serie de instrucciones de un programa cuya ejecución se repite hasta que se cumple una determinada condición de salida.
3. Curva en forma de rizo bucle de carreteras; la avioneta hizo un bucle en el aire.

bucle

 
m. Rizo de cabello en forma helicoidal.
inform. Conjunto de instrucciones que son ejecutadas de manera repetitiva, hasta que se cumpla una condición dada o se detenga manualmente el proceso.

bucle

('bukle)
sustantivo masculino
1. rizo del cabello con forma helicoidal un peinado con bucles
2. computadoras conjunto cerrado de instrucciones de un programa El bucle se repite hasta que la condición se cumple.
Sinónimos

bucle

sustantivo masculino

bucle:

tirabuzónonda, caracolillo, rizo,
Traducciones

bucle

boucle

bucle

lus

bucle

loop

bucle

حلقة

bucle

pętla

bucle

循环

bucle

smyčka

bucle

loop

bucle

ループ

bucle

루프

bucle

loop

bucle

SM
1. [de pelo] → curl, ringlet
2. (= curva) → curve, bend (Aer, Inform) → loop
bucles anidadosnested loops
Ejemplos ?
Sus trajes, mejor hechos, parecían de un paño más suave, y sus cabellos peinados en bucles hacia las sienes, abrillantados por pomadas más finas.
Sus largos cabellos sueltos, entre los que aún había enredadas florecillas azules, almohadillaban su cabeza y ocultaban con sus bucles la desnudez de sus hombros; sus bellas manos, más puras y diáfanas que las hostias, estaban cruzadas en actitud de piadoso reposo y de tácita oración, y esto compensaba la seducción que hubiera podido provocar, incluso en la muerte, la exquisita redondez y el suave marfil de sus brazos desnudos que aún conservaban los brazaletes de perlas.
Y meciéndose en ella suavemente, cruzadas las piernas, entornados los párpados y las manos sobre el incipiente abdomen, pronto hubiérase quedado dormido nuestro protagonista a no penetrar en la estancia Rosario la Caperusa, mal sujeto el negrísimo pelo, que caíale en partidas bandas sobre la curva frente y en encrespados bucles sobre la nuca; luciendo, erguida, la figura escultural, atensada la chaquetilla sobre el provocativo seno, relampagueantes los magníficos ojos y mordiéndose los gruesos y encendidos labios con la más bella dentadura que ha engarzado en humanas encías Santa y Pródiga madre Naturaleza.
Era una preocupación continua y un arrobamiento permanente, según iba marcándose más la semejanza con la esposa que había perdido, al desaparecer las formas redondeaditas de bebé, y espigar los seis años en prolongaciones de líneas y transformación de bucles en trenzas.
Lentamente, mientras examinaba yo la extraña figura del hombre, se quitó ella los guantes de Suecia y se frotó las manos, dos manecitas largas y pálidas de dedos afilados como los de Ana de Austria en el retrato de Rubens, con que se echó para atrás los bucles de la suelta cabellera castaña, rizosa y sedeña que donde la luz la hería de frente tenía visos de oro.
Sobre su frente arremolinábanse los encrespados y brillantísimos cabellos, que desbordábanse en brilladores bucles sobre sus sienes y se retorcían en relucientes vedijas sobre la nuca y amenazaban, al desatarse, inundar la espalda como un torrente de rizos.
Su corta peluca, que apenas cubría su cuello, terminaba en dos bucles pegados que soportaban sus grandes orejas, de un rojo vivo, e iba a perderse en un amplio tafetán negro que se desplegaba aquí y allá en su espalda y dejaba ver el broche de plata que sujetaba su lazo.
Los enterradores, ya abierta la profunda fosa, fumaban indiferentes, esperando el nuevo tributo; algunas cogujadas asustadizas levantaban el vuelo al paso del convoy con doliente piar; don Leovigildo hizo descubrir a la muerta, y el sol acarició por última vez, con un torrente de centellas de oro, el rostro de Rosalía, que parecía dormir un sueño apacible envuelta en un mantón de Manila de larguísimo flecaje, un a modo de espléndido chal de los que dieron fama eternal a los artífices del Oriente, a la vez que entre los bucles de su revuelta cabellera, centelleaban en sus orejas los aretes que la difunta tanto había codiciado.
Uno de ellos le apretó el cuello, apartando los bucles como si fueran plumas, y los otros la arrastraron de una sola pierna hasta la cocina, donde esa mañana se había desangrado a la gallina, bien sujeta, arrancándole la vida segundo por segundo.
Filigranas de espartillo y de helecho visten los muros de huertos encantados; sobre los aleros de paja y de terrón se espacian la verbena y la sarpoleta y se desata en bucles la acedera; extienden los morales sus espinosas ramazones a través de las verjas de macanas; por los valladares de madera preciosa de caunce y de sietecueros, se entretejen la batatilla y la batata; túpenlos y refuérzanlos el lengüebuey y el barbasco...
-¡Ah! -dijo mister Peggotty cogiendo los bucles de la niña y dejándolos caer uno a uno-. También ella es huérfana, ¿ve usted, señorito?, y este también lo es, aunque no lo parece -dijo dando un puñetazo en el pecho de Ham.
Rosario sonrió, columpióse dos o tres veces en la mecedora, se arregló los bucles que le caían sobre la nuca y repúsole después con voz risueña y reposada: -¿Y qué le importa a usté mi comadre, si quien le importa a usté soy yo, según acaba usté de decir?