Ejemplos ?
Don Paico se esfuerza en acelerar el paso. De sus pies sube una nube de polvo que lo ahoga, arrancando de su pecho un ruido bronco, descompasado, de fuelle roto.
Cuando con el rumor de bronco trueno preñado como el mar de espuma hirviente, que rebosa en los diques de su seno y corona su salto sorprendente, se desprende el Niagara, de su asiento, émulo del diluvio proceloso, rey de las cataratas turbulento, de masas de cristal turbio coloso; cuando con gran sorpresa de sí mismo, desde el aire azotado que domina, derrumba a las entrañas del abismo que le sirve de tumba cristalina; cuando el iris magnífico retrata en medio de brillantes surtidores de menudos aljofares y plata, que saltan con murmullos hervidores; cuando ruge feroz como tormenta, y al que mira embelesa o bien espanta, pues vierte los furores que alimenta en sus raudales líquidos...
¿Usted ha vivido en los Estados Unidos?..., fue la primera frase que, después de otro silencio, me dirigió la boca encarnada y fresca, en un francés gutural y bronco, que me hizo sonreír involuntariamente al oírlo...
Con él va la tormenta; el trueno ronco Bajo sus alas cruje; desgreñada, De armas y quejas con estruendo bronco, La guerra detrás de él va despeñada; Y asidas a las orlas de su manto, Van tras él con la muerte descarnada, La peste, el hambre, y el amor, y el llanto, Y la ambición, de crímenes preñada.
Hurgo la herida con el propio clavo, memoro trance cruel; y ante un espectro gemebundo y bronco, reclino intenso afán en firme tronco ¡de cercano laurel!
Crecieron estos dos arbolillos y fueron llevados al escuela de gramática, donde, acepillando el preceptor della lo bronco que a todos nos es común, quedaron tan polidos y galanes que se pudieron plantar en el jardín de qualquier príncipe.
Y estoy de su metáfora riendo dina por cierto del nativo tronco que va musas y grajas revolviendo. Y aplican a este coro un cisne ronco sin ver que la dulzura de su canto es graznar en estilo zafio y bronco.
Al verlo penetrar en el hondilón, repetimos, una idea surgió en su cerebro caldeado por recientes y repetidas libaciones, y como hombre vehemente y esclavo de sus casi infalibles corazonadas que era. -Ven acá tú, Matita de Poleo -díjole a éste con acento bronco y enérgico.
Dolores lloraba silenciosamente pensando en Pepe, en el hombre de sus amores, y llorando y pensando en él seguía, citando los rítmicos acordes de una guitarra diestramente tañida llegaron a sus oídos; era Antonio el Casero el que la tocaba; Antonio el Casero, que, acompañándose a maravilla, cantó con acento dulce y bronco y primoroso estilo: ::Toíto te lo consiento ::menos faltarle a mi mare, ::que a una mare no se encuentra ::y a ti te encontré en la calle.
A una cuadra de distancia, y a todo correr, iba un chasqui tocando un tambor y otro indio que hacía repercutir un bronco cuerno de caza.
tu voz elocuente: Lo infinito circunda tu frente, Lo infinito sostiene tus pies. Ven: al bronco rugir de las ondas Une acento tan fiero y sublime, Que mi pecho entibiado reanime, Y mi frente ilumine otra vez.
Si sangrientas dejé mis vestiduras En las ásperas zarzas del camino; Si labré por mis manos la cadena Cuyos férreos abrazos Aún en las marcas de mi cuello duran; Si me arrojé a luchar contra las olas De la inconstancia femenil, más bravas Que las del mar entumecido y bronco...