broncíneo

broncíneo, a

1. adj. culto De bronce el broncíneo mobiliario.
2. culto De color amarillo rojizo, como el del bronce.

broncíneo, -a

 
adj. De bronce o parecido a él.
Traducciones

broncíneo

bronzeo
Ejemplos ?
Los tres penachos del radiante yelmo Feroz sacude, y del broncíneo escudo Las sonantes, espléndidas labores Bajo la mano, en son de guerra, gimen.
En segundo lugar tuvo un prodigioso hijo, indecible, el sanguinario Cerbero, perro de broncíneo ladrido de Hades, de cincuenta cabezas, despiadado y feroz.
Cuando esto hubo dicho, el dios que bate la tierra desamparó a los aqueos y se sumergió en el mar; pronto los héroes aquivos le echaron de menos. Entonces Zeus, que amontona las nubes, dijo a Apolo: —Ve ahora querido Febo Apolo, a encontrar a Héctor, el de broncíneo casco.
Y ¡siento una lástima y un miedo y un frío cuando el gigantesco labriego fornido coge en sus manazas aquel cuerpecito blanco como el mármol, tierno como un lirio! Como es tan pequeño, tan blando, tan fino, temo que las zarpas del león broncíneo lo hieran, lo quiebren...
Allí de la tierra sombría, del tenebroso Tártaro, del ponto estéril y del cielo estrellado están alineados los manantiales y términos hórridos y pútridos de todos, y hasta los dioses los maldicen. Allí hay relucientes puertas y un sólido broncíneo vestíbulo natural, asegurado con profundos cimientos.
Pues ¿por qué no te alejas de esas rocas, helado pedestal del rudo monte ceñido siempre de sus blancas tocas? Huye de Somosierra el horizonte: sus aires deja al pecho valeroso de broncíneo pulmon que los afronte.
I El padre es un tosco labriego fornido, áspero y velludo gigante broncíneo. ¡La madre, una hembra con hombrunos bríos, desgarradas formas, groseros aliños!
Ayante se le acercó con su escudo como una torre, broncíneo, de siete pieles de buey, que en otro tiempo le hiciera Tiquio, el cual habitaba en Hila y era el mejor de los curtidores.
Este, a su vez, dio una lanzada a Dólope en la parte inferior de la cimera del broncíneo casco, rompióla e hizo caer en el polvo el penacho recién teñido de vistosa púrpura.
Entonces se oyó de cerca un gran grito: «Id, hijos de los helenos, libertad a la patria, li­bertad a los hijos, a las mujeres, a los santuarios de los dioses patrios y a las tumbas de los antepasados; la lucha ahora es en defensa de todo esto.» Por nuestra parte les responde un al­boroto de lengua persa: no es el momento de titubeos. Al punto, nave contra nave choca con su estrave broncíneo.
Al fin, en voz grave, esa voz que se timbra con broncíneo son al pronunciar solemnes palabras, dijo: -Usted vino aquí a pedirme el tuétano de la sabiduría humana.
Según ese libro, el satélite estaba habitado por un dragón broncíneo, por árboles semiinteligentes y por un humano llegado por accidente.