brial


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brial

(Del occitano ant. brial.)
1. s. m. HISTORIA, INDUMENTARIA Y MODA Vestido femenino de lana o seda que cubría todo el cuerpo. guardapiés
2. HISTORIA, INDUMENTARIA Y MODA Faldón de tela que usaban los hombres de armas debajo de la coraza. tonelete
Sinónimos

brial

sustantivo masculino
Ejemplos ?
No s’ detiene por nada el que en buen ora naçió: calças de buen panno en sus camas metió, sobr’ ellas unos çapatos que a grant huebra son; vistió camisa de rançal tan blanca commo el sol, con oro & con plata todas las presas son, al punno bien están, ca él se lo mandó; sobr’ella un brial primo de çiclatón, obrado es con oro, pareçen por o son; sobr’esto una piel vermeja, las bandas d’oro son, siempre la viste Mío Çid el Campeador; una cofia sobre los pelos d’un escarin de pro, con oro es obrada, fecha por rrazón, que non le contalassen los pelos al buen Çid Canpeador.
Aunque en sueños no fiemos, no sé a qué parte lo echar, que parecía muy cierto que vi una águila volar, siete halcones tras ella mal aquejándola van, y ella por guardarse de ellos retrújose a mi ciudad; encima de una alta torre allí se fuera a asentar; por el pico echaba fuego, por las alas alquitrán; el fuego que de ella sale la ciudad hace quemar; a mí quemaba las barbas, y a vos quemaba el brial.
Sonrióse al distinguir en la túnica del Nazareno unas franjas de ornamentación de gusto renacientes, y al notar que la soldadesca de Pilatos vestía, de medio cuerpo abajo, a la usanza española del siglo XVI, mientras Berenice, la tradicional «Verónica», lucía brial de joyante seda al estilo medieval.
Puso el bulto de su amiga en él para le adorar: el cuerpo de plata fina, el rostro era de cristal, un brial vestido blanco de damasco singular, mongil de blanco brocado forrado en blanco cendal, sembrado de lunas llenas, señal de casta final.
Así que, en lugar de galanes de ropilla y zanguilón, y de damas de brial y tocas, se ve1 frecuentada y concurrida por señores de casaca, peluca, chupa, vuelos de encaje, sombrero tricorne y espadín, y por petimetras de tontillo o caderilla, bufanda, polonesa, escofieta, tacones y demás galas propias de Versalles, y que en mal hora nos trajo el duque de Anjou con sus gabachos y gabachadas.
Y esta misma Jimena admira en aquel Rodrigo que le corteja, salpicándole el brial con la sangre de sus palomicas, que luce en él gallardamente, entre lo hermoso, lo fiero.
Dos ángeles arrodillados sostienen la cartela que contiene el epitafio de la reina: La reina viste brial, y sobre la túnica blanca interior lleva manto real y pellote.
La herencia de Araus, 1903 María del Brial, 1905 Tan cerca y tan lejos, 1910 Compañerito, La ley de Dios, 1921 Léxico de Gran Canaria.
Se juntaban con regularidad en el hostal de Vincent Justafré, el actual Hostal dels Trabucayres, y beneficiaban de la simpatía de la población local, sobre todo del cura Brial.
La saya medieval era una especie de túnica holgada que se plegaba a la cintura con un cinturón, y que en el caso de las mujeres solía ser más larga, llegando a cubrir los pies. El brial era una prenda de hechura parecida, pero más larga y lujosa, llevada sólo por las mujeres a partir del siglo XIII.
Fruto de la fusión progresiva de la herencia romano-visigoda, la moda bizantina aportada por las peregrinaciones y el comercio, y el desarrollo de la cultura mozárabe, se pueden destacar algunos aspectos de la personalidad de lo hispano en el vestido de la mujer, más allá de piezas clásicas como el largo brial femenino (que evolucionarán hacia la salla encordada de las clases distinguidas castellanas y la gonela aragonesa, el "pellizón" o "piel" y los mantos, y un calzado mixto compuesto por modelos atados con cintas y polainas, y botas o borceguíes, muchas veces puntiagudos.
Al decir esto, el mozo, instintivamente, y al parecer buscando un punto de comparación, dirigió la vista hacia el pide de Constanza que asomaba por debajo del brial, calzado de un precioso chapín de tafilete amarillo, pero como al par de Esteban bajasen también los ojos de don Dionís y algunos de los monteros que le rodeaban, la hermosa niña se apresuró a esconderlo, exclamando con el tono más natural del mundo; ¡Oh no!; por desgracia, no los tengo yo tan pequeños pues de este tamaño sólo se encuentran en las hadas cuya historia nos refieren los trovadores.