brasero


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brasero

1. s. m. Recipiente de metal, generalmente redondo, en que se echa carbón o brasas y que sirve para caldear el ambiente instaló un brasero bajo la mesa camilla.
2. Aparato eléctrico semejante al anterior.

brasero

 
m. Recipiente de metal que se usa como calefacción y que funciona con brasas o energía eléctrica.
Sinónimos

brasero

sustantivo masculino
hogar (México), fogón (México).

brasero:

estufahornillo, calientapiés, chubesqui, calentador,
Traducciones

brasero

brazier

brasero

SM
1. (= como calefacción) [de carbón] → brazier; (eléctrico) → heater
2. (Méx) → fireplace
3. (Andes) (= hoguera) → large bonfire
4. (Méx) (= hornillo) → small stove
Ejemplos ?
Por las tardes, al llegar la noche, el volcán vomitaba su brasero de estrellas y quedaban prendidos en el cielo los astros para llover de nuevo cuando el alba viniera.
¡Horror!... De pronto me sentí agarrado por los ganchos de sus manos y arrastrado con infernal violencia al centro del brasero. Rodamos encima de las brasas.
Se pone uno malo, o no se pone; no va a la oficina, y corre la paga; lee uno allí, de balde y al brasero, la Gaceta y el Correo, y un cigarrillo tras otro, se llega la hora de salir, poco después de la de entrar.
Su señoría estaba echando un cigarrito al brasero, y con una charada del Correo entre manos que le debía costar trabajo el acertar .
Apenas llegaron y entraron en ella, el perro viejo dijo señalando: -Mira. Aquí en el brasero hay mole; allí sopa; allá frijoles guisados.
Visto por mi amo la gran perdición y la mucha costa que traía, (y) el ardideza que el sotil de mi amo tuvo para hacer despender sus bulas, fue que este día dijo la misa mayor, y después de acabado el sermón y vuelto al altar, tomó una cruz que traía de poco más de un palmo, y en un brasero de lumbre que encima del altar había, el cual habían traído para calentarse las manos porque hacía gran frío, púsole detrás del misal sin que nadie mirase en ello, y allí sin decir nada puso la cruz encima la lumbre.
Y volvía a levantarse, bajaba la escalera de mano -pues otra no había- y, llegado al brasero y comprobado que no se veía ninguna chispa, regresaba arriba.
Eran los Casporras. Se habían mirado cambiando un guiño de inteligencia, y sin más palabras se arrojaron como salamandras en el enorme brasero.
Los dos clérigos sentados delante del brasero, callaban y sonreían: El uno extendía las manos temblonas sobre el rescoldo, y el otro hojeaba su breviario.
Y despacio, con rabia fría, le extendieron las palmas sobre el brasero, avivado por llamitas cortas, en que se evaporaba la resina del pino.
El sacristán dejó de soplar la brasa del incensario, y los dos clérigos sentados bajo el rayo de sol delante del brasero, se pusieron en pie sonriendo beatíficamente.
La hora eran las cinco de la mañana, en que pasábamos a una pieza contigua, hacíamos fuego en un brasero, siempre con leña de pino, y le cebábamos mate hasta las siete.