bramido

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bramido

1. s. m. ZOOLOGÍA Mugido, voz del toro, la vaca, el ciervo y otros animales el bramido del rebeco.
2. Grito humano de dolor, de ira, de impotencia o de furia lanzó un bramido al quemarse. chillido, rugido
3. Ruido fuerte producido por la agitación del viento o el mar escuchaba el bramido del mar siempre que había tormenta. mugido, ululato

bramido

 
m. Voz del toro y de otros animales salvajes.
fig.Grito de una persona cuando está furiosa.
fig.Estrépito del aire, del agua, etc.

bramido

(bɾa'miðo)
sustantivo masculino
1. zoología voz de los bovinos, cérvidos y otros animales bramido del reno
2. ruido fuerte bramido ensordecedor
Sinónimos

bramido

sustantivo masculino
1 mugido, frémito.
Mugido se refiere al bramido de los bóvidos. Frémito es menos usual.
2 rugido.
Traducciones

bramido

roar, bellow

bramido

bramement

bramido

SM [de toro, elefante] → bellow, bellowing; [de león] → roar, roaring
Ejemplos ?
Son mi música mejor aquilones, el estrépito y temblor de los cables sacudidos, del negro mar los bramidos y el rugir de mis cañones.
Dio bramidos contra el desdichado Licas, que nada tenía que ver con tu crimen, por la alevosía con que había traído aquella vestidura.
3 Voz de aullido de pastores, porque su magnificencia es asolada; estruendo de bramidos de cachorros de leones, porque la soberbia del Jordán es destruída.
A veces nuestra alegre carcajada, Repetida en los aires por el eco, Moría en sus bramidos sofocada, De la alta torre en el tendido hueco.
Del niño degollado por el lazo no quedaba sino un charco de sangre: su cadáver estaba en el cementerio. Enlazaron muy luego por las astas al animal que brincaba haciendo hincapié y lanzando roncos bramidos.
CAPÍTULO V Como un prodigio, todos los que me habían torturado: árboles, ratas, murciélagos, felinos, aves, estrellas, principiaron a cantar unos, a reírse otros, a murmurar los que más, a rugir en un terrible clamor de voces macabras que unas a otras se confundían: chirridos, berridos, alaridos, bramidos, rugidos.
Cuando por fin se encontraban ante el altar aparecía el horrible Coppelius que tocaba los maravillosos ojos de Clara; estos saltaban al pecho de Nataniel como chispas sangrientas encendidas y ardientes, luego Coppelius se apoderaba de él, le arrojaba a un círculo de fuego que giraba con la velocidad de la tormenta y le arrastraba en medio de sordos bramidos.
Me sucede una cosa muy extraña, explicó Esteban, cuando, después de escuchar las palabras que dejo referidas, me incorporé con prontitud para sorprender a la personas que las había pronunciado, una corza blanca como la nieve salió de entre las mismas matas en donde yo estaba oculto, y dando unos saltos enormes por encima de los carrascales y los lentiscos, se alejó seguida de una tropa de corzas de su color natural, y así estas como la blanca que las iba guiando, no arrojaban bramidos al huir, sino que se reían con unas carcajadas cuyo eco juraría que aún me está sonando en los oídos en este momento.
Hasta que el Patas dijo: "¡Ya no más!". Estaba tan sumamente medroso, daba unos bramidos tan espantosos, que toitica la gente del Infierno acudió a ver.
Aunque el joven se sentía dispuesto a ver en cuando le rodeaba algo de sobrenatural y maravilloso, la verdad del caso era que, prescindiendo de la momentánea alucinación que turbó un instante sus sentidos, fingiéndole músicas, rumores y palabras, ni en la forma de las corzas, ni en sus movimientos, ni en los cortos bramidos con que parecían llamarse, había nada con que no debiese estar ya muy familiarizado un cazador práctico en esta clase de expediciones nocturnas.
Luego motes campesinos, serenatas y cantatas de estrambotes peregrinos; melodías amorosas, salmodías religiosas, tristes cantos funerales de los santos cantorales: alaridos de guerreros, predicciones de agoreros, y canciones de juglares, y bramidos populares, y estampidos de cañones, y explosiones de volcanes: montes rotos y hundimientos de violentos terremotos y deshechos huracanes al horrísono fragor; luego graves voces solas dulces, suaves, como el canto de las aves, como arrullo halagador de lejanas barcarolas, que por cima de las olas fía al viento el pescador.
Jehová entonces su mano levantando, Dio así nuevos esfuerzos a las ondas, Que súbito se hincharon, Y a pesar de tu rabia y tus bramidos A tus senos ardientes se lanzaron.