Ejemplos ?
Su hermana respondía: -Sólo veo el sol que centellea y la hierba que verdea. -Baja pronto, bramaba Barba Azul, o subo yo. -Bajo -contestó la infeliz; y luego preguntó-, Anita, hermana mía, ¿viene alguien?
Allí agitado el viento en las caladas piedras estrellándose bramaba airado con salvaje acento en las molduras góticas rasgándose.
Y a empellones, Fernando se vio arrastrado por aquella corriente de brutalidad apasionada, que le llevó hasta el mismo salón donde él trabajaba, poco antes, en aquel códice en que se podía estudiar algún relámpago antiquísimo, precursor de la gran tempestad que ahora bramaba sobre su cabeza.
Ya la tempestad armada contra él bramaba desde lejos, y sus amigos consternados le exhortaban á que pusiese la mar en medio de sí y de sus contrarios, y huyese á Roma, donde quizás los riesgos que le amagaban serian menos atroces; pero él fiado en su inocencia, esperó conjurar la nube con ella sola, y empezó á exercer su ministerio con entereza y decoro.
Quedóse el claustro recóndito por el farol alumbrado que dejó, al irse, colgado Margarita en el altar, y sólo se oyó tras ella el rumor del aguacero, y el soplo del aire fiero que bramaba sin cesar.
¡cuan odiosa me pareció la mísera existencia! Bramaba en torno la tormenta fiera y yo sentado en la agitada popa del náufrago bajel, triste y sombrío, los torvos ojos en el mar fijando, meditaba de Cuba en el destino, y en sus tiranos viles, y gemía, y de rubor y cólera temblaba, mientras el viento en derredor rugía, y mis sueltos cabellos agitaba.
Yo también, en mi vago pensamiento, soñé que la tormenta pasaría, y cuando el mar bramaba, yo contento, «valor, oh marineros», repetía.
Y la pareja se dirigía a su vez a costear el alambrado por la fuerza de la costumbre, cuando un mugido, claro y berreante ahora, llegó hasta ellos: dentro del avenal, el toro, con cabriolas de falso ataque, bramaba ante el chacarero, que con un palo trataba de alcanzarlo.
Una minoría tan selecta como poco numerosa me defendía con paradojas insostenibles, con hipérboles que equivalían a subirme en vilo por los aires, para dejarme caer y aplastarme. En el saloncillo bramaba una verdadera tempestad crítica.
-le dijo Matilde a Arturo, señalándole uno de aquellos antiguos relojes de pared, de larguísima péndola, que parecían ataúdes puestos de pie derecho. -¡Abre, paloma! -bramaba entretanto el marido, procurando derribar la puerta. -¡Jesús, hombre!...
Así es que su talle, nunca acariciado, temblaba y chispeaba al contacto de mi brazo. Su corazón bramaba al acercarse al mío. Sus sensaciones vírgenes la ahogaban...
Dormía bajo los árboles, y cuando hacía mal tiempo construía en cinco minutos una ramada con hojas de palmera, y allí pasaba sentado y fumando, muy contento en medio del bosque que bramaba con el viento y la lluvia.