Ejemplos ?
Decidida- mente, Marietta, hay en, usted muy varoniles bríos, y quien no la conozca, ni por retrato, la supondrá físicamente mujer robusta, vieja, hombruna y hasta con pelos en la barba, y no la joven de palidez romántica, de aire risueño siempre, y que en la vida social tiene todas las graciosas y espirituales delicadezas de ñifla mimada.
DON JUAN (A DOÑA ANA.) De que tú hayas presumido eso, mi valor se corre. DON DIEGO (A DOÑA BEATRIZ.) Poco fías de mis bríos. 194 Esto ha de ser, perdonad, señoras.
Desmayada me pisaste y aniquilaste; mas, ahora que tengo bríos, antes podrás matarme que vencerme: que si ahora, despierta, sin resistencia concediese con tu abominable gusto, podrías imaginar que mi desmayo fue fingido cuando te atreviste a destruirme.
¡Ah!, pero ni él ni ella se burlarían de él; no habían ellos contado con la huéspeda, con que a él le sobraban corazón y bríos para cobrarse aquella mala partida.
Terminados con lucimiento sus estudios, se dio Severo a la política, caldeada la cabeza, persuadido de que ciertos males que todos lloran podrían remediarse al aplicar él su conato y bríos al beneficio de la cosa pública.
Impulso de blandir la cachiporra nunca a nadie inspiró la mazamorra, que ella no daba bríos para andarse buscando desafíos, ni faltar al respeto cortesano a la mujer, al monje o al anciano.
Apuraba ya la segunda copa, buscando en ella bríos para emprender un ataque decisivo, cuando en el reloj del Puente empezaron a sonar las campanadas de las diez, y Benedicta con gran agitación y congoja exclamó: -¡Dios mío!
¿Y Trigueros cantaría las majas y Lerena y la Riada, con su insulsa y pesada grosería; y de Iriarte la musa siempre helada dramas tan regulares y tan fríos como La señorita mal criada? Pues ¿quién para escribir no cobra bríos, viendo que hasta Forner tiene ya fama, y de Huerta se loan los desvaríos?
Este, que había respondido a la mirada triunfante de su mujer con otra llena de ironías y de ternura, no se hizo repetir la entrada que el Pito le ofrecía, y echó también hacia atrás la cabeza y un a modo de estallido de entusiasmo loco seguido de un silencio profundo siguió a la salida del Niño, el cual, tras desabotonarse el cuello de la camisa y arrojar una nueva mirada sobre Rosario, en cuyo semblante pintábase la sorpresa, cantó no como venía haciéndolo desde que un pasmo le restara a su voz la mitad de sus bríos...
Aunque cansado, manifestaba bríos y colérico ceño; pero rodeábalo una zanja profunda y un tupido cerco de pitas, y no había escape.
un nuevo cielo, un nuevo sol, distantes de los llantos que la mojan, de las cadenas que la marcan, de los grilletes que la apresan... La ciudad reposa en su lecho solitario para emprender con bríos vitalizados su marcha inútil...
Fénix que anuncio mi muerte, vengo en mis patrios hogares de mis últimos cantares el son postrero a exhalar; vengo en un esfuerzo fuerte de mis postrimeros bríos, a saludar a los míos, a hacerme ora vez al mar.