botín

(redireccionado de botines)
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botín

(Del fr. botte.)
1. s. m. INDUMENTARIA Y MODA Calzado, parecido a la bota, que cubre el pie y el tobillo. borcegué
2. INDUMENTARIA Y MODA Prenda de cuero o tela que se llevaba antiguamente sobre los zapatos y cubría el tobillo y parte de la pierna, a la cual se ajustaba con botones, hebillas o correas. polaina

botín

(Del fr. butin.)
s. m. Conjunto de armas, provisiones y otras cosas que los vencedores arrebatan a los vencidos los piratas se repartieron el botín.

botín

  (de bota)
m. Calzado de cuero o de tela que cubre la parte superior del pie y parte de la pierna.

botín

  (del fr. butin)
m. mil. Despojo que los soldados tomaban del enemigo vencido.
p. ext.Conjunto de cosas robadas.

botín

(bo'tin)
sustantivo masculino
calzado que cubre los tobillos botín de fútbol

botín

(bo'tin)
sustantivo masculino
conjunto de cosas o dinero que ha sido robado u obtenido en una guerra botín de guerra
Sinónimos

botín

sustantivo masculino
despojo, presa, trofeo, pendolaje.
Despojo designa el conjunto de cosas pertenecientes al vencido y que, tras su derrota, pasan al vencedor. Pendolaje se refiere a los botines conseguidos en el mar.

botín:

despojosaco, saqueo, robo, pillaje, presa, trofeo,
Traducciones

botín

loot, booty, ankle boot, haul, prey, prize, sack, spoil, bootee, plunder, spat

botín

proie

botín

Booty

botín

Booty

botín

Booty

botín

λεία

botín

Booty

botín

戦利品

botín

1 SM [de guerra] → booty, plunder; [de ladrón] → loot

botín

2 SM
1. (= calzado) → ankle boot
2. (= polaina) → legging, spat
3. (Chile) (= borceguí) → bootee
4. (Cono Sur) (= calcetín) → sock
Ejemplos ?
Casaca corta sin solapa, y abrochada por una hilera de botones tendidos, forro, pantalón, y botines azul turquí, chaleco blanco, cuello y vueltas celestes.
Casaca corta sin solapa, abotonada por una hilera de botones tendidos, pantalón, botines y forros azules, chaleco blanco, cuello y vueltas carmesí.
Casaca corta, forro pantalón, y botín de paño azul turquí: chaleco, solapas y cuello de grana, siete ojales largos en la solapa, y tres en la vuelta figurados con seda del mismo color, vivos celestes: en los faldones flores de lis, y en el cuello ojal y botón: gorra de suela charolada con escudo de metal, espada recta, porta espada de ante, cabos de oro. Casaca corta, pantalón y botines de paño azul turquí, chaleco, solapas, bocas y cuellos de grana, vivos blancos, forro azul.
Juan de Dios Barco, uno de los huéspedes, el más mimado de las señoras por su acendrado cristianismo, as en el Apostolado de la Oración y malilla en los asuntos de San Vicente, regalóle al muchacho algo de su ropa en muy buen estado y un par de botines que le vinieron holgadillos y un tanto sacados y movedizos de jarrete.
-Madrina: aquí le treigo lo que junté. Me vine desde ahora, porque no hay a quién embolale: to los cachacos y los guaches de botines tan ya emparrandaos.
«Ahora, sí -la dijo,- que vas a tener que cuidarte con el gasto. Adiós golosinas y pastas finas importadas, y para los chicos caramelos y botines nuevos a troche y moche.
Ella iba a venir enseguida, encantadora, agitada, espiando detrás las miradas que le seguían, y con su vestido de volantes, sus impertinentes de oro, sus finísimos botines, con toda clase de elegancias de las que él no había gustado y en la inefable seducción de la virtud que sucumbe.
Otro, lucía brodequines dorados, traje de seda y valiosos adornos, una cabellera postiza cargaba su cabeza, y su paso era majestuoso; parecía una mujer. Otro, calzado con botines, fieramente armado con un lazo, el casco y la espada, parecía salir del circo de gladiadores.
El era el fraudulento, el hombre de los botines rotos, de la corbata deshilachada, del traje lleno de manchas, que se gana la vida en la calle mientras la mujer enferma lava ropas en la casa.
Con las ricas piezas de su cincelada armadura hacen juego las sedas joyantes de sus túnicas, los brocados de sus mantos, las flotantes garzotas y rizados plumajes de sus cimeras, los broches áureos de sus botines.
Mientras él hablaba yo vacilaba si levantarme y darle un puntapié en la cabeza o tirarle a la cara el contenido de mi pocillo de café, pero recapacitándolo me dije que de promoverse un altercado allí, el que llevaría todas las de perder era yo, y cuando me disponía a marcharme contra mi voluntad porque aquel sapo humano me atraía con la inmensidad de su desparpajo, él, obsequiándome con la más graciosa sonrisa de su repertorio que dejaba al descubierto su amarilla dentadura de jumento, dijo: –Este reloj pulsera me cuesta veinticinco pesos...; esta corbata es inarrugable y me cuesta ocho pesos...; ¿ve estos botines?, treinta y dos pesos, caballero.
¿Qué querés que haga? Bajo la orla de la saya enseñó un botín descalabrado y dijo: —Mira qué botines. Lila para no gastar en libros tiene que ir todos los días a la biblioteca.