boto

(redireccionado de botas)
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boto, a

(De origen incierto.)
1. adj. Se refiere a la persona que es torpe o necia.
2. Que es obtuso y no tiene punta cuchilla bota. romo

boto, a

(Derivado de bota, recipiente.)
s. m. Bota de cuero para guardar vino u otros líquidos.

boto

  (del l. buttis, odre, tonel)
m. Cuero pequeño para echar vino, aceite u otro líquido.

boto -ta

  (del gót. bauths, soso, sordo, mudo)
adj. Romo (obtuso).
fig.Rudo, torpe.
Sinónimos

boto

, bota
adjetivo
2 rudo, torpe.
Traducciones

boto

Boto

boto

boto

boto

Boto

boto

Boto

boto

Boto

boto

Boto

boto

A. ADJ
1. [punta] → blunt
2. (= torpe) → dull, dim
B. SM wineskin bottle
Ejemplos ?
-Hombre, que usté ya no está pa esas cuestas arriba, sino pa cuestas abajo, y... vamos a lo que me importa, ¡que yo necesito pa esta noche sin falta mi par de botas imperiales!
Pero de todos modos una hora después lanzaban a un coche descubierto sus flamantes personas, calzados de botas, poncho al hombro -y revólver 44 al cinto, desde luego-, repleta la ropa de cigarrillos que deshacían torpemente entre los dientes- y dejando caer de cada bolsillo la punta de un pañuelo de color.
Casco a la romana. Media botas con espuelas pegadas, y herradura en el taco. Su montura cubierta con mantilla de paño azul forrado en el asiento, en el extremo de las cañoneras, y en la unión del fuste delantero con piel negra.
DON DUARTE Siempre lo es vuestra posada: por eso con gusto vengo a ser vuestro huésped. ¡Hola, descálzame estas espuelas y botas; saca chinelas; desabróchame esta gola!
Su padre era un hombre amable para sus amigos y sirvientes; es un honor para usted, Sir John, llevar sus zapatos –sus botas debería decir– porque rara vez se ponía zapatos, a no ser las zapatillas cuando tenía la gota.
SANTARÉN ¿Qué tan buenas? DON DUARTE El vestido de camino. SANTARÉN ¿Con botas? DON DUARTE Y con espuelas. SANTARÉN Pues sabrán vuestras mercedes, sabrán que bajé a la cueva a sacar un jarro de agua, cuando en Dios y en hora buena oigo tras una pared que el dicho sótano media, que cantaba mi Polonia, colgando un mazo de velas en el tabique, de un clavo.
Y por este motivo remontaba el Paraná hasta un obraje, con sus famosos stromboot. Apenas salido de Corrientes había calzado sus recias botas, pues los yacarés de la orilla calentaban ya el paisaje.
Modesto principio, que podía llegar a proporcionarle el dinero suficiente para pagar el adelanto en el obraje y volverse en el mismo vapor a Posadas a derrochar su nuevo anticipo. Perdió, perdió los demás cigarros, perdió cinco pesos, el poncho, el collar de su mujer, sus propias botas y su 44.
A sus damas respectivas les hicieron cosquillas con piñas de abeto que llevaban en el bolsillo; luego se quitaron las botas para estar más cómodos y se las dieron a guardar.
Recibió a Jorge muy amablemente, lo felicitó y le deseó que nunca tuviera que sufrir aquel dolor de cabeza. El general iba en bata de noche, gorra de borla y botas rusas de caña roja.
Cual no sería su estupor que cuando sus gruesas y pesadas botas para vencer la gravedad, y no flotar, se posaron en un suelo arenoso de color rojo, un tumulto de seres (¿Qué está pasando?), pequeños como duendes, lo amenazaron con fulgurantes rayos atómicos y le dijeron en perfecto lenguaje terrestre (inglés, obvio): ¡Welcome to Mars!
Y no terminó de pronunciar estas palabras, cuando frío, negro y exquisitamente homicida, el teniente vio aparecer a su lado al eunuco tunecino, que le acompañó hasta la puerta de calle, arqueando profundas zalemas. El teniente Ruiz estaba quitándose las botas cuando Benegas entró a su cuarto.