bostezo

(redireccionado de bostezos)
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bostezo

s. m. Resultado de bostezar una vez con un bostezo se desencajó la mandíbula.

bostezo

 
m. Acción de bostezar.
Sinónimos

bostezo

sustantivo masculino
oscitación (medicina).
Traducciones

bostezo

Gähnen

bostezo

yawn, gape

bostezo

sbadiglio

bostezo

ziewanie

bostezo

Haukottelu

bostezo

פיהוק

bostezo

하품

bostezo

SMyawn

bostezo

m. yawn; yawning.

bostezo

m yawn
Ejemplos ?
Las primeras claridades del día iluminaban vagamente el paisaje; la venta del Caracolo presentaba pintoresco golpe de vista; el señor Juan el Pistola, de pie en el umbral, empleábase, como de costumbre, en tejer larga pleita con el esparto que sacaba del abultado haz que sujetaba bajo la axila; el Perezoso, un zagalillo greñudo y atezado, parecía empeñadísimo en justificar su mote con una interminable serie de bostezos...
Ni aun osaban apelar al supremo recurso de los aburridos: pasearse cogidas del brazo, a lo largo del salón; y cuchicheaban entre ellas ahogando prolongados bostezos.
Se declara y confirma por necio de manga de armar al que, refiriendo la gracia de sus hijos, tapa y pone de lodo una conversación, causa de desabridos bostezos en los circunstantes; y si a esto añadiere el estado de sus pleitos, haciendas y fábricas, de sus casas, edificios y designios de sus pretensiones, quede por necio de tres altos e impertinente de veinte y dos quilates, Y se le eche calza para otras conversaciones, en las cuales pueda sin nota alguna volver las espaldas.
Hacía una hora que yo había dejado de comer. Estaba cansado y no conseguía ocultar los frecuentes bostezos que se me escapaban. La señora de Peyrehorade se dio cuenta enseguida y dijo que ya era hora de irse a dormir.
Cuando más engolfados y abstraídos estaban todos, al parecer, en sus respectivos quehaceres, -Ya tenemos ahí a esos caballeros -dijo Joseíto sumando uno más a la larga serie de sus matinales bostezos.
El sueño es contagioso; porque viendo el lego que su superior roncaba como diz que sólo los frailes saben hacerlo, empezó a dar bostezos de a cuarta, y decidiose a tomar también la horizontal.
Tenía los pantalones superfluamente sostenidos por la pretina, y un trozo de camisa blanca como la punta de un pañuelo escapaba de su bragueta. Y se tapaba la boca con el puño arrojando enormes bostezos.
—Entonces —le dijo el rey— te ordeno que bosteces. Hace años que no veo bostezar a nadie. Los bostezos son para mí algo curioso. ¡Vamos, bosteza otra vez, te lo ordeno!
Esta vez Alicia esperó pacientemente a que se decidiera a hablar de nuevo. Al cabo de uno o dos minutos la Oruga se sacó la pipa de la boca, dio unos bostezos y se desperezó.
Levantábanse de la almohada trescientas caras soñolientas, sonaba un verdadero concierto de bostezos, caían arrolladas las mugrientas mantas, dilatábanse con brutal desperezamiento los robustos e inactivos brazos, liábanse los tísicos colchones conocidos por «petates» en el mísero antro, y comenzaba la agitación, la diaria vida en el edificio antes muerto.
Para permitirles la poca simpática curiosidad de olfatear amores ajenos, de espiar miradas, de contemplar los triunfos de las hermosas que hoy brillan como ella brillaba en otro tiempo... ¡Qué bostezos!
Sí, Celita, mi prima, a la sazón mi «doña Perpetua» (ya íbamos cansándonos de constancia, preciso es decirlo en elogio de los dos), un día en que nos aburríamos más de la cuenta y temblábamos ante la perspectiva de pasarnos la tarde entera poniendo bostezos de a cuarta entre un «paloma» y un «mía», me propuso lo que acepté inmediatamente: ir a consultar a una adivina, sonámbula o qué sé yo, recién llegada a París.