borracha

borracha

s. f. Bota de vino.
Traducciones

borracha

drunk
Ejemplos ?
Se había escogido para enfrentarse con él a nuestra decana; era una alta y robusta muchacha de unos treinta y seis años, borracha, mal hablada, pendenciera, procaz, aunque, por otra parte, era bastante hermosa; el presidente llega, se le sirve cena, los dos se emborrachan, los dos pierden el control, los dos vomitan dentro de sus respectivas bocas, tragan y se devuelven mutuamente lo que se prestan, caen finalmente sobre los restos de la cena y sobre la porquería con que acaban de regar el suelo.
Era maliciosa, cruel, libertina, borracha, pendenciera, terca, tan avara en sus infames rapiñas como pródiga en superfluos gastos, más mala que un veneno y enemiga declarada del pudor.
Después le pedían que imitase a la Borracha, una mala piel que iba de pueblo en pueblo vendiendo pañuelos y gastándose las ganancias en aguardiente.
Su lenguaje es atroz como su facha. Ama las libaciones con alcohol nauseabundo. Es Salomé pintoresca y borracha. Cuando ha bebido un poco, insulta a todo el mundo.
12 Y fué que como ella orase largamente delante de Jehová, Eli estaba observando la boca de ella. 13 Mas Anna hablaba en su corazón, y solamente se movían sus labios, y su voz no se oía; y túvola Eli por borracha.
Y yo, barco perdido entre la cabellera de ensenadas, al éter echado por la racha, no merecí el remolque de anseáticas veleras ni de los monitores, nave de agua borracha.
Al volver una noche Esopo de un banquete le ladró, atrevida, cierta mujer que iba borracha: «!Ah perra –le dijo entonces–, si cambiases tu maldita lengua por una medida de trigo, me parecerías más sensata!» LA PANADERA: ¡Cómo!
II Nadie supo cómo fué el encuentro; pero era forzoso que ocurriera, y ocurrió. Dimoni y la Borracha se juntaron y se confundieron.
Aquel molinero que me compró era hombre de bien y de buena conversación y tenía una mujer la más pésima y mala que ninguna podía ser, con la cual él pasaba mucha pena y enojo en su casa; que por cierto yo había mancilla de aquel buen hombre, porque ningún vicio faltaba en aquella mala mujer, que todos se habían lanzado en su cuerpo como en una sucia necesaria: soberbia, cruel, lujuriosa, borracha, porfiada, avara en robar de donde pudiese, gastadora en cosas sucias, enemiga de fe y de honra, menospreciaba los dioses y mentía jurando por ellos, y con estos juramentos engañaba a todos y al mezquino de su marido; embeodábase luego de mañana y todo el día gastaba con sus enamorados.
Tenía sesenta y nueve años, era chata, baja y gorda, bizca, casi sin frente, una bocaza con sólo dos dientes a punto de caer, una erisipela le cubría el trasero y unas hemorroides grandes como puños le colgaban del ano, un chancro horrible devoraba su vagina y uno de sus muslos estaba completamente quemado. Estaba borracha las tres cuartas partes del año y, en su embriaguez, como sufría del estómago, vomitaba por todas partes.
La Duclos, quien al parecer había servido de segunda parte, estaba tirada borracha perdida cerca de ellos, y los demás estaban unos sobre otros en un rincón junto al gran fuego que habían tenido cuidado de mantener toda la noche.
Por la virtud de sus hechizos, tuvo noticia de este proyecto: y así como la famosa Medusa, al concederle Creón un día de plazo, consumió toda la familia del viejo rey, su hija y ella misma en las llamas que brotaban de una corona, así ella, Meroé, después de llevar a cabo al pie de una tumba ciertas devociones sepulcrales (me lo contó ella misma, hace pocos días estando borracha), los encerró a todos en su casa con esta fuerza misteriosa que triunfa de los dioses: durante dos días no pudieron forzar las cerraduras, ni derribar las puertas, ni taladrar los muros.