Ejemplos ?
—Presumo que observarían ustedes los espejos, entre los bordes y las láminas, y examinarían los lechos, y las ropas de los lechos, así como las cortinas y las alfombras.
Y ve sus mil ilusiones que al precipicio se agrupan del abismo de la nada, donde con mano insegura, en los bordes se mantienen en desesperada lucha, y unas tras otras al cabo sin remedio se derrumban.
Rahutia miró una mancha de luz sobre el alto muro encalado, luego fijó la mirada en su esclava, que derramaba un odre de agua en una ánfora de bordes dorados, y respondió, calmosa: -Dile que iré esta noche ...
¿Qué valdría, en una palabra, pasar la vida en estériles contemplaciones, si cada cual consultando los deberes del hombre y las necesidades de la naturaleza dedicase su tiempo sólo a servir a la patria, a los desgraciados, a los amigos? ¿Hemos sido acaso creados para morir atados a los bordes del abismo donde la verdad se ha ocultado?
-Buenos días -exclamó Dolores la larampera, colocando su cántaro sobre los bordes del pilón de piedra, donde aguardaban turno, en correcta formación, los de sus compañeras, que sentadas sobre el muro que sirve de parapeto al Arroyo de los Ángeles en sus poco frecuentes crecidas, charlaban alegremente luciendo al sol, a más de los atractivos con que las dotara el Supremo Hacedor de todas las cosas, sus vestidos de pobre urdimbre y de tintas tan vivísimas, que bien podían competir con los de las fragantes flores con que adornaban sus bien alisadas cabelleras.
Esta playa con declive al Sud, está cortada por un zanjón labrado por la corriente de las aguas pluviales en cuyos bordes laterales se muestran innumerables cuevas de ratones y cuyo cauce, recoge en tiempo de lluvia, toda la sangraza seca o reciente del matadero.
-¡Harapo! -repitió. El cuello quedó un poco deshilachado de los bordes; por eso acudió la tijera a cortar los hilos. -¡Oh! -exclamó el cuello-, usted debe de ser primera bailarina, ¿verdad?.
Cuando nos atravesamos en la cama y sobresalen nuestros pies de los bordes de la misma, soñamos a lo mejor que nos hallamos al borde de un temeroso precipicio o que caemos rodando desde una altura.
El señor Curro se incorporó lenta, muy lentamente; una tremenda expresión brilló en sus ojos azules, palidecieron sus labios; su actitud pareció presagiar una catástrofe, y agarrando como con tenazas de acero las manos de Joseíto, hízole a éste soltar los bordes de la americana, hízole sentarse de nuevo, y entonces díjole con voz sorda, con voz que no pudo ser oída por ninguno de los que componían la pintoresca parroquia.
Unos lagrimones quedaban en los bordes de sus párpados entreabiertos, que dejaban ver entre las pestañas dos pupilas pálidas, hundidas; el esparadrapo, pegado en su mejilla, estiraba oblicuamente su piel tensa.
Vieron las manos de Luisito, que le servían para sostenerse agarrado a los bordes de la chimenea, y como dijese el municipal: -Allí está: veo sus manos, las retiró instintivamente; lo que equivale a decir que bajó por el cañón de la chimenea y cayó encima de una cazuela, haciéndola mil pedazos, que una vieja se disponía a poner en un fogón.
En aquel examen, confié a la memoria su apariencia externa y su colocación en el tarjetero; y por último, hice un descubrimiento que borraba cualquier duda trivial que pudiera haber concebido. Registrando con la vista los bordes del papel, noté que estaban más gastados de lo que parecía necesario.