blasfemo


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blasfemo, a

(Del lat. blasphemus < gr. blasphemos, difamador, blasfemo.)
1. adj. Que contiene o dice blasfemias su discurso blasfemo rayaba en la herejía. ofensivo
2. s. Persona que profiere blasfemias.
Sinónimos

blasfemo

, blasfema
adjetivo y sustantivo

blasfemo:

imprecador (NoRAE)juramentoso (NoRAE), irreverente, renegador, execrador, blasfemador, malhablado, blasfemante, maldiciente,
Traducciones

blasfemo

blasphemous

blasfemo

blasfemo

blasfemo

blasfemo

blasfemo

/a ADJ & SM/F = blasfemador
Ejemplos ?
Pero Colón me ofusca; y en él, cuando en él pienso, veo algo que trastorna mi juicio; y ya lo veis, cuando hablo de él me obceco, blasfemo y prevarico, porque en Colón hay algo que me hace enloquecer; y si el contorno quiero fijar de su figura o un punto de su historia dar luz sobre el papel, ni doy con las ideas, ni acierto con las frases, y al ir tras él no encuentro donde fijar mis pies.
La posteridad honra y glorifica al autor de la Sociabilidad chilena. Sin embargo, Francisco Bilbao fue condenado bajo los cargos de inmoral, blasfemo, a ver su obra quemada por la mano de verdugo.
El triunfo de la sonrisa Capítulo I Blanca Estrella y Dulce Trino eran dos buenas princesas que poblaban hace tiempo el reino de las Tristezas. Y es que el cruel de Don Blasfemo con sus intrigas terribles había dicho que ser triste es mejor que estar risibles.
En cuanto al periódico, sea cualquiera la que la anime, no puede hacerle desconocer que al apagar en tu pecho la fe, al dejarte con tu pobreza y sin aquel consuelo que te la hacía llevadera y te impedía ser soberbio y rencoroso y blasfemo, hijo ingrato, padre desnaturalizado y mal ciudadano, puedes decirle: -Me arrancas la fe; pero ¿qué me das en cambio?
a tarea del señor Súñer y Capdevila no concluyó en las Cortes con sus discursos tristemente célebres. El grito de indignación de la España, católica que respondió a ellos no acabó con el blasfemo: no hizo más que aturdirle.
Le cogió la policía en una de sus redadas; pilláronle en el Mercado, su casa solariega: tal vez conocían su afición a la fruta, que él consideraba de posesión común, y desde entonces viose condenado a no gozar de libertad más que unas pocas horas cada quince días. Sabía que le pillaban por «blasfemo».
No la mano, sino el pie, puso en el rostro del Capellán; acabó a golpes de hacha con cuanta imagen de santo había en el castillo, suspendió de la horca la estatua de San Miguel, patrón glorioso de su raza; convirtió la capilla en perrera, y las venerandas reliquias de mártires, que de siglos atrás guardaba la familia como tesoro preciosísimo, fueron arrojadas al muladar. Tras el furor, le sobrevino lamentable atonía; entróle frío en el tuétano, y murió, impenitente, blasfemo, espantoso.
El muchacho, siempre en la duda de qué significaría su título de «blasfemo», resignábase con su suerte, sin sospechar que se publicaban periódicos con sueltos escritos por los mismos interesados en que se hablaba del gran servicio prestado el día anterior por el cabo Fulano «y fuerza a sus órdenes», prendiendo al terrible criminal conocido por el Groguet.
Y sin dar gracias a la sociedad, que se preocupaba de él para mejorar su índole perversa, atravesó otra vez el portón en busca del vergajo que enseña y de las conversaciones de la cárcel que moralizan. Iba preso de nuevo por «blasfemo».
¡Oh, qué vi de calvinistas arañando a Calvino!, y entre estos estaba el principal Josefo Escalígero, por tener su punta de ateísta y ser tan blasfemo, deslenguado y vano y sin juicio.
Ya en sus pies vacilaba el cuerpo flojo, Y aun temía que imitara a Polifemo Cuando en la triste cueva perdió el ojo. De crítico adulón, pasó a blasfemo, Y perdiendo del todo la chaveta Cada vez deliró con más extremos.
A ciertas horas, no obstante, apretaban las diabluras, y Venturiña se retorcía en convulsiones, echaba espuma por la boca, bizcaba los ojos, describía con el cuerpo un arco, sentía en la garganta una pera de ahogo, y su lengua de mocita decente -que, ¡alabado el Señor!, no tiene de qué avergonzarse, y sabe que las mujeres deben guardar compostura- se convertía, por impulso invencible y sin permiso de su voluntad, en la lengua pecadenta del carretero más blasfemo y bruto; no parece sino que algún pateta, desde el infierno, le soplaba palabras y dichos que hasta no los había oído en su vida, que hasta no presumía ella, válgame lo que me valga, qué significan ni a cuento de qué vienen.