blasfemia


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blasfemia

(Del lat. blasphemia < gr. blasphemia.)
1. s. f. TEOLOGÍA Expresión ofensiva e injuriosa contra Dios, divinidad o cosas sagradas. reniego
2. Palabra injuriosa proferida contra una persona fue cubierta de blasfemias por quien antes la alabó. insulto, ofensa

blasfemia

 
f. Palabra o expresión injuriosa contra una divinidad o personaje sagrado.
fig.Injuria grave contra una persona.

blasfemia

(blas'femja)
sustantivo femenino
1. religión injuria contra Dios o contra cosas sagradas una blasfemia contra los santos
2. injuria contra otra persona Quien te alababa ahora te dice blasfemias.
Sinónimos

blasfemia

sustantivo femenino
Traducciones

blasfemia

Blasphemie

blasfemia

хула

blasfemia

blasphemy, offence

blasfemia

bestemmia, moccolo

blasfemia

blasphème

blasfemia

التجديف

blasfemia

βλασφημία

blasfemia

亵渎

blasfemia

褻瀆

blasfemia

Rouhání

blasfemia

blasfemi

blasfemia

신성 모독

blasfemia

hädelse

blasfemia

SF
1. (Rel) → blasphemy
2. (= taco) → swearword, curse
Ejemplos ?
Blande tu invicta blasfemia que es una garra pulida, y sórbeme por la herida sediciosa del pecado, como un pulpo delicado, "¡muerte a muerte y vida a vida!" Clávame en tus fulgurantes y fieros ojos de elipsis y bruña el Apocalipsis sus músicas fulgurantes...
Refiriéndose al Generalísimo, lo menos malo que contra él predicaba era lo siguiente: —Carísimos hermanos: sabed que el nombre de ese picaro insurgente San Martín, es por sí solo una blasfemia; y que está en pecado mortal todo el que lo pronuncie, no siendo para execrarlo.
El Sumo Sacerdote se rasga las túnicas y dice: ¿Qué necesidad tenemos ya de testigos? 64. Habéis oído la blasfemia. ¿Qué os parece?
La ciencia doctrinaria, los pueblos siempre indoctos, la humanidad rebelde a la verdad y al bien, la luz, la fe, lo excelso, lo espiritual, lo sumo, han siempre años y siglos tardado en comprender: pero a Colón y a Cristo justicia al fin se ha hecho, y por los hombres puestos al fin tendrán que ser de religión divina y humana como símbolos, Jesús en los altares, Colón sobre el pavés. ¡Blasfemia!
¿A qué los crueles filósofos? ¿A qué los falsos crisóstomos de la inquina y de la blasfemia? ¡Al pueblo que busca ideal ofrezca una nueva academia sus enseñanzas contra el mal, su filosofía de luz; que no más el odio emponzoñe, y un ramaje de paz retoñe del madero de la cruz!
Era bueno y era leal, amaba la armonía en todo y la mujer pura le atraía como un ideal; pero la delicadeza de su alma exquisita se irritaba hasta la blasfemia, porque la naturaleza le había negado la forma, el cuerpo, el vaso cincelado que debió contener el precioso licor que chispeaba en sus venas.
El ilustre poeta don Andrés Bello hace la fotografía del talaverino en esta magistral octava: ::«Devoto campeón de un rey devoto, ::vedle del templo hacer taberna obscena, ::de la blasfemia, el desalmado voto ::y su habitual interjección resuena, ::de roba y pilla, y todo freno roto, ::con los sagrados vasos bebe y cena, ::y ni a la madre de su Dios perdona ::arrancando a sus sienes la corona».
En las paredes, ninguna abominación artística. En relación con el sueño puro, con la impresión no analizada, el arte definido, el arte positivo es una blasfemia.
jamás he leído esta horrorosa blasfemia ni en la historia de los Albigenses, ni en su profesión de fe; pero esta es una de las muchísimas cosas que yo ignoro.
Para esas almas muertas, cada idea nueva era una blasfemia contra el credo de servidumbre que les habían legado sus abuelos, y en aquel camarada cuyas palabras entusiasmaban a la joven gente de la mina, sólo veían un espíritu inquieto y temerario, un desequilibrado que osaba rebelarse contra las leyes inmutables del destino.
¡Ah!, sí, pero en los hoyuelos de las mejillas de mi madre reían frescuras de flor, su leche tenía el sabor que tiene la de las campesinas vigorosas; el abuelo materno era un jayán potente y rudo que a los setenta años tenía dos queridas y descuajaba a hachazos los troncos de las selvas enmarañadas y allá en las llanuras de mi tierra cuentan todavía la tenebrosa leyenda de estupros, incendios y asesinatos de los cuatro Andrades, los salvajes compañeros de Páez en la campaña de los Llanos, que recorrieron victoriosos, sembrando el terror en las huestes españolas, al rudo galope de sus potros, con la lanza tendida por el brazo férreo, con la locura en el alma, la sangre quemada por el alcohol y la blasfemia en la boca gruesa solicitadora de besos!...
Por otra parte, si bien los asesinatos por honor continuaron en Pakistán, una nueva legislación endureció las penas por estos delitos y se modificaron los procedimientos penales por las leyes de blasfemia y las ordenanzas de Hudood para limitar los abusos.