bisabuela

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bisabuela

bisnonna, proavi

bisabuela

prababička

bisabuela

oldemor

bisabuela

Urgroßmutter

bisabuela

isoisoäiti

bisabuela

prabaka

bisabuela

曾祖母

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증조할머니

bisabuela

oldemor

bisabuela

prababcia

bisabuela

bisavó

bisabuela

gammelmormor

bisabuela

ทวด

bisabuela

bà cố

bisabuela

曾祖母
Ejemplos ?
Vaya, Dios me bendiga, si Edith no hubiese estado allí para salvar la promesa de su bisabuela, realmente comprendo que la lealtad de la Sra.
La narración de la trágica pérdida que había ensombrecido su juventud era una tradición familiar, y entre las reliquias familiares estaban las cartas de Julian West, junto con una fotografía que representaba un joven tan apuesto que Edith estaba ilógicamente inclinada a criticar a su bisabuela por haberse casado con otro.
¿Puedo decirle al retrato de mi bisabuela cuando me vaya a mi habitación que la perdonas completamente por haber demostrado ser falsa contigo?" Crealo el lector, esta coqueta burla, si la propia oradora tuviese idea de ello o no, realmente conmovió y con ésto curó un absurdo dolor de algo parecido a los celos, de los cuales yo había sido vagamente consciente desde que la Sra.
Aquellos retratos eran trastos viejos, y «¡cada cosa en su sitio!», se decía; por eso el bisabuelo y la bisabuela habían ido a parar al cuarto de la servidumbre.
Tambien el emperador que en la actualidad reina gloriosamente en la China, Kien-long asegura, positivamente en su hermoso poema de Monkden, que su bisabuela era una virgen muy bonita, que se hizo madre de una raza de heroes por haber comido cerezas.
Llevaba joyas de oro puro, que había traído de Saardam su bisabuela, el tentador jubón de los antiguos tiempos y una falda provocadoramente corta, tanto que descubría el más bello pie de todos los contornos.
Yo vi a tres espectros que me querían asesinar y me desmayé alcanzando a afianzarme de esta medallita sagrada que me dio mi bisabuela antes de morir hace quince años.
Cuando mi bisabuela agonizaba me dijo con lágrimas en los ojos que yo era una descreída como todos los jóvenes de hoy, sin embargo, ella me donaba su medalla protectora para cuando tuviera que creer… De pronto Cristina dijo: -¡Tengo una idea!
Mi bisabuela afirmaba que a todos los que la poseyeron, de mis antepasados, se libraron de enormes peligros: contagios, pestes, asaltos, balaceras, calumnias, robos.
Fueron apareciendo muchos objetos curiosos: un medallón de la época de Maximiliano; un pañuelo que tenía las iniciales de Manuel Payno; unas fotografías de mi abuelo junto con Pancho Villa y muchas cosas más, pero sobre todo, una carta donde se revelaba un secreto de familia que la tatarabuela de mi bisabuela había conservado… -¿Por qué callas, Cristina?- -Porque acabo de recordar que si es cierto todo esto, yo soy descendiente de Cecilia, una frutera que causó la desgracia, no sólo de Evaristo, sino de todos los Bandidos de Río Frío y de su gran jefe: Juan Yáñez.
Cristina y Pedro se encontraban aislados en medio de aquella montaña; recluidos en la esperanza de encontrar la salvación, según había dicho su amada, en la medalla protectora que había heredado de su, quién sabe qué grado familiar tenía, Cecilia. ¿Habría sido su tía, su tatarabuela, la cuñada de su bisabuela o acaso la madre de la abuela de su bisabuela?
Fue mediante un profundo e involuntario suspiro de mis propios labios como finalmente desperté de mi abstracción, y volví del mundo de los sueños del pasado a una consciencia de mi presente entorno y sus circunstancias. "Estas son cartas," dije, "de la otra Edith--Edith Bartlett, tu bisabuela.