bienaventurado

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bienaventurado, a

1. adj. Que tiene buena ventura o es dichoso. feliz
2. adj./ s. RELIGIÓN Que goza de Dios en el cielo, entre los cristianos.
3. Se aplica a la persona que es muy sencilla, inocente o cándida.

bienaventurado, -da

 
adj.-s. Que goza de la bienaventuranza eterna.
Excesivamente cándido.
adj. Afortunado, feliz.

bienaventurado, -da

(bjenaβentu'ɾaðo, -ða)
abreviación
que es afortunado y feliz Bienaventurado de ti con tantos hijos.
Sinónimos
Traducciones

bienaventurado

blessed, fortunate

bienaventurado

gesegnet

bienaventurado

Блаженная

bienaventurado

gezegend

bienaventurado

المباركة

bienaventurado

Velsignet

bienaventurado

Siunattu

bienaventurado

מבורך

bienaventurado

축복

bienaventurado

ADJ
1. (Rel) → blessed
2. (= feliz) → happy, fortunate
3. (= ingenuo) → naïve
Ejemplos ?
Y si entendieran que la vida bienaventurada principiaba en este mundo y que acababa fuera de él...
¿Cuánto no discutió sutilísimamente acerca de los ángeles, del alma, de la mente humana, de la voluntad y del libre albedrío, de la religión y de la vida bienaventurada, y aun de la misma naturaleza de los cuerpos mudables?
Pues muchos autores profanos disputan largamente sobre estas cosas, que omitieron con gran prudencia los nuestros, por no ser para los que las aprenden necesarias para la vida bienaventurada, y, además, porque los que en esto se ocupan han de malgastar lo que es peor, tiempo sobremanera preciso restándolo a cosas más útiles.
Acaso en los recintos arbolados del Olimpo, donde antaño Orfeo con la cítara juntaba los árboles con su arte, juntaba las fieras salvajes. Bienaventurada Pieria, te estima Evio, y vendrá danzando en sus fiestas, y después de cruzar el rápido Axio y el Lidias, traerá las Ménades que giran, y al dador de la felicidad a los mortales, al padre, al que oí que la tierra de hermosos caballos fertiliza con fuentes hermosísimas.
Aquella divina misión que, recibida del Padre en beneficio del género humano, tan santísimamente desempeñó Jesucristo, tiene como último fin hacer que los hombres lleguen a participar de una vida bienaventurada en la gloria eterna; y, como fin inmediato, que durante la vida mortal vivan la vida de la gracia divina, que al final se abre florida en la vida celestial.
Porque si dijeren que hubo en todo tiempo alternativa entre su miseria y bienaventuranza, es necesario que digan también que siempre estará en esta alternativa, de que deducirán un absurdo; pues aun cuando digan que es bienaventurada en esto, a lo menos no lo será si antevé su futura miseria y torpeza, y si no la prevé ni piensa que ha de ser miserable, sino siempre bienaventurada, con falsa opinión es bienaventurada, que no puede decirse expresión más necia.
Sin embargo, está tu alma, tan docta e ingeniosa (por lo que te tenemos mucha lástima) no obstante de hallarse ilustrada con los misterios de esta doctrina, de ningún modo pudo llegar a conocer al sumo Dios, esto es, a Aquel por quien fue hecha, no con quien fue formada el alma; no a aquel cuya porción es, sino cuya hechura y criatura es; no al que es el alma de todos, sino al que es el criador de todas las almas, por cuya ilustración llega a ser el alma bienaventurada, si no corresponde ingrata a sus beneficios: pero qué tales sean y en cuánto se deben estimar los misterios de esta doctrina, lo que se sigue lo manifestará.
No obstante, porque también presumen que estos mismos demonios, están colocados en el lugar medio entre los hombres y los dioses para el efecto de que, como ningún dios se mezcla y comunica con el hombre, lleven de acá sus votos y peticiones y traigan de allá lo que hubieren alcanzado; y esto mismo sienten los platónicos, que son los más insignes y famosos, entre los filósofos, con quienes como los más excelentes me pareció conducente indagar y examinar está cuestión de si el culto tributado a muchos dioses sirve para conseguir la vida feliz y bienaventurada que esperamos después de la muerte...
De esta misericordia ha parecido indigna la malicia de los demonios, pues en la miseria del ánimo pasivo les cupo, no cuerpo mortal como a los hombres, sino eterno; porque, efectivamente, serían más felices que los hombres si tuvieran con ellos el cuerpo mortal, y con los dioses el alma bienaventurada; y fueran iguales con los hombres si con ánimo miserable por lo menos merecieran también tener con ellos el cuerpo mortal, si adquirieran algún tanto de piedad, de modo que llegaran a conseguir el escanso de los trabajos siquiera en la muerte.
Elegimos con conocimiento de causa a los platónicos, que justamente son los más famosos y cuerdos entre todos los filósofos; porque así como pudieron comprender con las luces de su entendimiento que el alma del hombre, aunque era inmortal, racional o intelectual, con todo no podía ser bienaventurada sin la participación de la soberana luz de aquél por quien ella y el mundo fue criado, así también negaron que alguno pueda conseguir la eterna felicidad que todos los hombres apetecen y desean, a no ser que se una la pureza de un amor casto con aquél sumo bien, que es el inmutable y omnipotente Dios.
Estos ya dejan muy atrás la opinión de Varrón y se aproximan más a la verdad; porque él sólo pudo abarcar en su teología natural el mundo o su alma; pero éstos sobre toda la naturaleza del alma confiesan que hay Dios, que hizo no sólo este mundo visible, que ordinariamente se comprende bajo el nombre de cielo y tierra, sino también todas cuantas almas hay, y que a la racional e intelectual, cual es el alma del hombre, con la participación y comunicación de su luz inmutable incorpórea, la hace bienaventurada y dichosa, y ninguno que, haya leído este punto con alguna reflexión ignora que estos filósofos son los que llamamos platónicos, derivando su nombre del de su maestro Platón.
Porque si el lector recuerda lo que propusimos en el libro VII acerca de la elección de los filósofos, con quienes podía tratarse la cuestión sobre la vida bienaventurada que ha de suceder después de la muerte, esto es, si podíamos alcanzarla adorando a un solo Dios verdadero o a muchos dioses; no será su voluntad que volvamos a repetir aquí lo mismo, mayormente pudiendo, con volver a leerlo, si acaso, se le hubiere olvidado, ayudar a refrescar la memoria.