Ejemplos ?
-¿Y por qué no se los degolvió usté enseguía? -Poique tamién dos de los bichos que yo le di no eran de los de circulación forzosa.
Si nos cayéramos al agua. -Mal lo pasaríais -contestó Ordóñez- porque yo creo que esos bichos que parecen que duermen, lo que hacen es esperar la ocasión.
-Sí, que los bichos valen lo suyo -dijo el señor Curro, con acento reposado-, y yo creo que el hombre subirá la tara y arrematará por llevárselos.
Que además, como hombre curioso, deseaba recoger algunos bichos y pasar luego á Chile, si él lo permitía, para regresar por el mar á Buenos Aires.
-Es decir, que en cuantito cierre el trato el hombre y arrecoja los bichos, ya puée el gachó estar saliendo de estampía, ¿no es asín?
¡Como si yo fuera a hablar de semejante tema! Nuestra familia ha odiado siempre a los gatos: ¡bichos asquerosos, despreciables, vulgares!
De pronto se oyó un pitido de averío que se azora, y unos pollos se refugiaron en la cocina, a trancos grotescos. Carmelo, que dialogaba con los bichos, preguntó en alta voz, sin volverse: -¿Qué tenedes, malpocados?
No era malo ni muchísimo menos, porque, eso sí, pa mí la verdá es la verdá, y los bichos fueron superiores; pero el Bomba tuvo aquel día el santo de espaldas, y mire usté que yo soy de los que creen que al Bomba no lo coge un toro como no le tire un cuerno...
Yo sigo hablando con él, y mi compañero se va a los bichos, les da cuatro de las que dan tos los novilleros y, total, que los de la siega emplean entre tos ellos veintisiete pesetas y noventa y cinco céntimos y toman las de Villadiego.
-Y a mí tamién, amigo, a mí tamién se me agrian, porque yo creo que no debemos platicar más que lo preciso, tanto es asín que yo no platico más que cuando los hombres me son mu simpáticos y ya los he tratao una miaja. Pero, en fin, vamos a ver esos bichos, a ver si me petan.
-Pos por eso vengo yo a visitar a sus mercedes, poique mi Rosario no jace más que suspirar y mirar jacia estos olivares, y no está a gusto más que cuando anda el zángano alreor de la colmena, de la que apenitas se aparta, y cuasi toa la noche se las pasa cantándole su querer dende er fondo de la cañá u de en mitá de la era. -¿Y cómo puée ser eso, si mi mozo se tiée que quear en er monte al cuidao de los bichos mientras andan careando?
-Me alegro que me lo diga usté, porque asín si jacemos trate le miraré yo a los bichos jasta er cielo de la boca. -Pero ¿es que usté viée buscando gente gruñona?