berzas


También se encuentra en: Sinónimos.

berzas

s. m. y f. Berzotas, persona ignorante y necia con lo fácil que es el acertijo y lo falla, ¡será berzas!
NOTA: En plural: berzas
Ejemplos ?
Todo lo que se quería. Escudillas completas de carne, garbanzos y habichuelas. Otras escudillas con tocino y legumbres y berzas. Ración de vino...
Trocó el presuntuoso puro de a cuarto por el mezquino pitillo; dejó el pan blanco y el riojano negro líquido, como regalo superfluo, sólo para los domingos; y aunque chancero y zumbón y fingiéndose aburrido, iba al campo algunas veces «a enredar con el rastrillo.» Mas era que el pobre viejo, formalizado, le dijo un día: -«Si todas tus rentas son las que a casa has traído, o trabajas o no comes, que yo del trabajo vivo.» Tras esto llegó setiembre, y el buen jándalo, afligido, gastó la última peseta que tenía en el bolsillo; y no asomando «la recua que quedaba en el camino,» remendó los pantalones, comió berzas y respingos...
Yo, que estaba comiendo ciertos tronchos de berzas, con los cuales me desayuné, con mucha diligencia, como mozo nuevo, sin ser visto de mi amo, torné a casa, de la cual pensé barrer alguna parte, que era bien menester, mas no halle con qué.
Entre los naipes, los bolos y el pleito que corría ya de su cuenta, no le quedaba tiempo libre en todo el año más que para almorzar la cazuela de leche, tomar las once con medio de blanco, comer despacio el ollón de berzas, patatas y tocino, en compañía de su ama de llaves, echar la siesta, en verano bajo un nogal y en invierno en la pajera, cenar al anochecer otro ollón como el del mediodía, dormir diez horas, y, por último, pasar una escoba o un puñado de yerbas sobre el lomo de su ganado antes que lo llevaran por la mañana al pasto, y segar el retoño para el caballo que estaba a su cargo.
Apenas se hallaba fuera de la casa e iba precisamente a pasar por delante de una zarza, que se hallaba junto al campo donde crecen los nabos, cuando encontró a la liebre que había salido con una intención semejante, para ir a visitar sus berzas.
El caso es que, cuando al ama le daba muy fuerte la ventolera, tampoco arrimaba al fuego la olla, y algún día el canónigo, con sus manos que consagraban la Hostia sacrosanta, se dedicó a la humillante operación de mondar patatas o picar las berzas para el caldo.
Y los fornidos carniceros, los robustos hijos de napolitanos, toda la barbuda suciedad que se gana la vida traficando miserablemente, toda la chusma flaca y gorda, aviesa y astuta, los vendedores de pescado y de fruta, los carniceros y mantequeras, toda la canalla codiciosa de dinero se complacía en la granujería del Rengo, en la desvergüenza del Rengo, y el Rengo olímpico, desfachatado y milonguero, semejante al símbolo de la feria franca, en el pasaje sembrado de tronchos, berzas y cáscaras de naranja, avanzaba contoneándose, y prendida a los labios esta canción obscena.
Sabía yo que esta modesta e idílica prosperidad era obra de un hombre, pobre como los demás labradores, que viven en madrigueras y se mantienen de berzas cocidas y mendrugos de pan de maíz, pero más activo, más emprendedor; dotado de la perseverancia que caracteriza a los anglosajones, de iniciativa y laboriosidad, y que, a fuerza de economía, trabajo, desvelos e industria había llegado a adquirir aquellas productivas heredades, aquel huerto con su arroyo y a construir en vez de ahumado y desmantelado tugurio, la vivienda de «señor», saludable, capaz, aspirando y respirando holgadamente por sus seis ventanas y su alta chimenea...
Y al verse, por último, en la cocina del viejo caserón, frente al humeante fuego de queiroas y rama de roble casi verde, oyendo hervir en la panza del pote el caldo de berzas con harina, les pareció que estaban en la gloria, en el cielo mismo.
-Padre Rosado -contestó Bartolo, chispeándole los ojos de alegría al oír hablar de jamón y vino, como le chispeaban en otros tiempos al ver una chica sandunguera-; acepto el convite, siquiera por ser hoy día tan señalado, y porque si le he de decir a usted la verdad, ya me tiene estomagado el puchero de berzas con un puñado de sal y una piltrafilla de sebo, que es la única gracia de Dios que entra en mi cuerpo hace ya no sé cuántos años.
-El curato y la sacristía que dejamos para venir a esta santa casa están ya provistos, y si saliésemos de aquí, ni aun el antiguo pucherillo de patatas o berzas con un puñadillo de sal y una piltrafilla de sebo encontraríamos.
Ahora tú, reino vegetal, ven y pon en el festín tus hongos, tus trufas, tus espárragos, tus coliflores, tus berzas diferentes, y no escatimes ni la raíz profunda, ni el grano en leche de que tanto gustan príncipes y potentados.