benevolencia


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benevolencia

s. f. Simpatía y buena voluntad en el trato con las personas.

benevolencia

 
f. Simpatía y buena voluntad hacia las personas.
Sinónimos

benevolencia

Traducciones

benevolencia

benevolència

benevolencia

Wohlwollen

benevolencia

benevolência

benevolencia

benevolenza

benevolencia

bienveillance

benevolencia

benevolencia

benevolencia

Benevolence

benevolencia

자비

benevolencia

välvilja

benevolencia

SF (= bondad) → benevolence, kindness; (= jovialidad) → geniality
Ejemplos ?
El Arcediano del Cuzco, doctor Rivadeneira, era un viejo gruñón y cascarrabias, á quien por cualquier futesa se le subía san Telmo a la gavia, y que en punto á benevolencia para con el prójimo estaba siempre fallo al palo .
En España, por ejemplo, se "dice que la mejor recomendación que puede presentar un libro nuevo, es la de no traer prólogo de don Manuel Cañete ó de don Marcelino Menéndez y Pelayo, dos críticos de grandísima ilus- tración, pero en los que la benevolencia supera en mucho al talento, y que han escrito, pK)r resmas, prólogos ó cartas de presentación.
347.- El que hubiere forjado, con el nombre de un funcionario público, un certificado que atestigüe la buena conducta, la indigencia o cualquiera otra circunstancia propia para atraer la benevolencia de la autoridad pública o de los particulares, hacia la persona designada en dicho certificado, o para procurarle empleos, créditos o socorros, será reprimido con prisión de un mes a un año.
Sólo así pondremos por delante un futuro en verdad vinculado con lo mejor de nuestro pasado, que siempre ha sido creación popular no milagro minoritario. Que siempre ha sido quehacer democrático masivo y plebeyo, no ocurrencia o benevolencia elitista, señorial o burocrática.
Como los sueños, son estas ensoñaciones realizaciones de deseos: tienen en gran parte como base las impresiones provocadas por sucesos infantiles y sus creaciones gozan de cierta benevolencia de la censura.
Preciosa, algo aficionada, más con benevolencia que con amor, de la gallarda disposición de Andrés, ya deseaba informarse si era el que había dicho.
Pero como fue creciendo Isabel, que ya cuando Ricaredo ardía tenía doce años, aquella benevolencia primera, y aquella complacencia y agrado de mirarla, se volvió en ardentísimos deseos de gozarla y de poseerla; no porque aspirase a esto por otros medios que por los de ser su esposo.
Y es verdad que si llegare la benevolencia a tal punto que los páuperos no necesitasen trabajar para vivir–a lo cual jamás podrán llegar, –se iría debilitando la acción individual, y gravando la condición de los tenedores de alguna riqueza, sin bastar por eso a acallar las necesidades y apetitos de los que no la tienen.
ISCURSO DE PRONUNCIADO EN LA CONVENCIÓN LIBERAL DE SANTIAGO 25 DE ABRIL DE 1920 SEÑORES CONVENCIONALES: Me habéis discernido el más alto honor que puede alcanzar un ciudadano en una República democrática, honor que es todavía más excelso ante los escasos méritos que justifiquen la extraordinaria benevolencia que para conmigo habéis gastado en esta solemne ocasión.
Llegué, con el General Máximo Gómez y cuatro más, en un bote, en que llevé el remo de proa bajo el temporal, a una pedrera desconocida de nuestras playas; cargué, catorce días, a pie por espinas y alturas, mi morral y mi rifle, -alzamos gente a nuestro paso; siento en la benevolencia de las almas la raíz de este cariño mío a la pena del hombre y a la justicia de remediarla...
Pero al otro día, Juan bajó al patio de la casa, no como trabajador hambriento que desciende de su cuchitril encorvando los hombros en actitud de bestia resignada a sufrir la carga que le echan encima, no como borracho que despierta y guiña los ojos para acostumbrarse a la luz, y desentumece su lengua con chasquido ronco, y se pasa la mano por la frente para alejar de ella la neblina embrutecedora del alcohol; bajó como pudiera hacerlo Dios de la altura en un rapto de benevolencia caprichosa, sereno, impasible, majestuoso, mirando a la gente con desdén compasivo y escuchando sus frases con gesto protector y solemne...
En más de un poema se encuentra en ciertos pasajes en vez de una exposición tan sólo una rúbrica que indica que allí debería exponerse propiamente esto o aquello, pero que el artista se ha visto impedido Y ruega humildemente que se le disculpe con benevolencia.