benedictino


También se encuentra en: Sinónimos.

benedictino, a

1. adj./ s. m. RELIGIÓN De la regla u orden de san Benito monasterios benedictinos. benito
2. s. m. Licor que fabrican los monjes benedictinos.

benedictino, -na

 
adj.-s. catol. Díc. del monje o monja que sigue la Regla de san Benito de Nursia.
Sinónimos

benedictino

, benedictina
adjetivo y sustantivo
(persona) benito.
Traducciones

benedictino

benedettino

benedictino

Benediktiner

benedictino

bénédictine

benedictino

Benedictine

benedictino

البينديكتين

benedictino

הבנדיקטיני

benedictino

ベネディクト

benedictino

Benedictine

benedictino

ADJ
A. ADJBenedictine
B. SMBenedictine
es obra de benedictinosit's a monumental task
Ejemplos ?
n convento ejemplar benedictino a grave aflicción vino porque en él se soltó con ciega furia el demonio tenaz de la lujuria, de modo que en tres pies continuamente estaba aquel rebaño penitente.
Un benedictino, un cartujo, un premostratense no vienen a alterar mis últimos momentos; ni erigen un trofeo a su orgullo sobre la cama de un agonizante; sino que se están en sus celdas; vete tú a la tuya; pues nada tienes que ver conmigo.
Fernando de Vergara, hijodalgo extremeño, capitán de gentileshombres lanzas; y contábase de el que entre las bellezas mexicanas no había dejado la reputación austera de monje benedictino.
-El benedictino -repitió Abel, procurando aparecer modesto y sencillo en aquel momento solemne en que bien sabía él que su amigo le veneraba y admiraba.
Hoy me sé la historia de los Scilly como tal vez no la sabrá el Conde, que no tiene cara de darle importancia a esas vanidades. Cuanto libro he encontrado que pueda darme luz sobre los antepasados de Helena, lo he leído con una paciencia de benedictino.
Por falta de sucesion del Conde, aunque casado con Doña Catalina Sandoval, su prima, hija del gran Cardenal Duque de Lerma, recayéron sus estados en su hermano D. Francisco, que murió Monge Benedictino en el Monasterio de Búrgos.
Continuó tras una pausa: ─ Recuerdo confusamente haber leído en los anales de la casa que un religioso benedictino, de nombre Anselmo, que vivía habitualmente entregado a las más elevadas contemplaciones, desapareció un día, y que se le buscó mucho para saber qué era lo que le había sucedido.
Debajo de un periódico, que era la primera cubierta, apareció un frasco, como podía la momia de Sesostris, entre bandas de paja, alambre, tela lacrada, sabio artificio de la ciencia misteriosa de conservar los cuerpos santos incólumes; de guardar lo precioso de las injurias del ambiente. -¡El benedictino!
Sigüenza compara a Bosch con el inventor de la poesía, macarrónica; una mezela, en boga en- 36 tonces, de los idiomas latino e italiano; con el benedictino Teófilo o Jerónimo Folengius, que escribía con el pseudónimo de Merlín Coccajus.
-Y no había querido jamás explicar qué día era aquel. Caín, sin perdonar, que no sabía, llegó a olvidarse del benedictino. Y habían pasado todos aquellos años, muchos, y el benedictino estaba allí, en la copa reluciente, de modo misterioso que Caín, triunfante, llevaba a los labios, relamiéndose a priori.
Pasó el solterón la lengua por los labios, volvió a oír el canto del ruiseñor, y contento de la creación, de la amistad, por un momento, exclamó: -¡Excelente! ¡Eres un barbián! Excelentísimo señor benedictino, ¡bendita sea la orden! Son unos sabios estos reverendos.
A la luz de las primeras estrellas, al primer aliento de la brisa, cuando cogidos del brazo y no muy seguros de piernas, emprendieron la vuelta de casa, Abel, triste, humilde, resignado, reveló su secreto, diciendo: -Estos frascos... este benedictino...