bellaco

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bellaco, a

(Probablemente del céltico bakkallakos, campesino, palurdo.)
1. adj./ s. Que es ruin. miserable
2. Que se comporta con astucia. astuto, sagaz

bellaco, -ca

 
adj.-s. Malo, pícaro, ruin.
Astuto, sagaz.

bellaco, -ca

(be'λako)
abreviación
que se comporta con picardía El muy bellaco no piensa más que en travesuras.
Sinónimos

bellaco

, bellaca
adjetivo y sustantivo
1 malo*, ruin, bajo, villano, perverso, pícaro, bribón, pillo, tuno, vago, canalla. honorable.
Pícaro, bribón, pillo, tuno y vago no implican maldad en sus acciones. Canalla se aplica al que obra con maldad.
Traducciones

bellaco

Schurke

bellaco

/a
A. ADJ
1. [persona] (= malvado) → wicked; (= astuto) → cunning, sly; (= pícaro) → rascally
2. (Cono Sur, Méx) [caballo] → vicious, hard-to-control (Andes, CAm) → brave
B. SM/F (= bribón) → scoundrel, rogue
C. SM (Cono Sur, Méx) (= caballo) → difficult horse
Ejemplos ?
Los amigos no sirven para el caso, pues la mayoría de los hombres son necios y bellacos y si hay algo que me reconcilia con Morfeo son ciertos libros de versos de algunos poetas nacionales, ante cuya lectura Morfeo suele rendirse incondicionalmente.
-¿Qué es esto?,-Preguntaron todos, Y él respondió que aquellos dos bellacos le avían robado su muger y su hazienda, y que avía venido en seguimiento dellos y, hallándolos en aquella posada, no tuvo paciencia para dar parte a la justicia y que se quiso vengar por su mano, y que pues avía allí tanta gente natural del lugar, que fuessen a llamarla.
La rana por los semblantes bien conoció, sin embargo, que habían de ser muy pocas las palmadas y los bravos, saliose del corro y dijo: «¡Cómo desentona el asno!» Éste replicó: «Los tiples sí que están desentonados.» «Quien lo echa todo a perder, añadió un grillo chillando, es el cerdo.» «Poco a poco, respondió luego el marrano: nadie desafina más que la cigarra contralto.» «Tenga modo y hable bien, saltó la cigarra: es falso; esos tábanos tenores son los autores del daño.» Cortó el león la disputa diciendo: «¡Grandes bellacos, ¿antes de empezar la solfa no la estabais celebrando?
Yo, cuando vi tan gran traición y maldad, no pudiéndolo sufrir mis ojos, intenté dar voces, diciendo: ¡Oh romanos!; pero no pudiendo pronunciar las otras letras y sílabas, solamente dije muy claro y muy recio, como conviene y es propio de los asnos: oh, oh: lo cual, como dije a tiempo oportuno, a causa que muchos mancebos de una aldea de allí cerca andaban a buscar un asnillo que les habían hurtado aquella noche y andaban muy aguciosos buscando por todos los caminos y apartamientos, oyendo mi rebuzno dentro de aquellas casas, creyeron que en aquel rincón de ella tenían escondido su asno; y pensaban lanzarse dentro para tomarlo doquier que lo hallasen; de improviso todos juntos saltaron en casa, donde tomaron aquellos bellacos...
Una mañana en que debía celebrarse fiesta solemne en la iglesia, díjole Padilla al obispo: -Ilustrísimo señor, esos bellacos siguen por camino torcido, y de hoy no pasa sin que, con la venia de su señoría, les queme la boca.
Pues en verdad que no me ha hallado el señor mi amo tan juguetona con los mozos de la casa, ni de fuera, para tenerme en la mala piñón que me tiene: ellos son bellacos y se van cuando se les antoja, sin que nosotras les demos ocasión alguna.
VIZCAÍNO Nunca hablo yo turbio, si no es cuando quiero. CRISTINA ¡Que me maten si no me la han dado a tragar estos bellacos! QUIÑONES Señores músicos, el romance que les di y que saben, ¿para qué se hizo?
Llegando a una villa principal, como allí hallaron provecho de alguna ganancia alegre, hicieron un convite de placer, que sacaron un carnero grueso a un vecino de allí, con una mentira de su fingida predicación, diciéndole que con su limosna y sacrificio hartase a la diosa Siria, que estaba hambrienta; así que su cena, bien aparejada, fuéronse al baño, y luego vinieron muy bien lavados; trajeron consigo a un mancebo aldeano de allí bien fuerte y bien aparejado para cenar con ellos; y como hubieron comido unos bocados de ensalada, allí, delante de la mesa aquélla, aquellos sucios bellacos comenzaron a burlar con aquel mancebo, que tenían desnudo.
Por la mayor parte, íbamos a decir, en las ciudades interiores de la América del Sur, la bacía la llevan los indios, sin que el barbero de Sevilla les eche el pie adelante en lo de parlanchines, bellacos, alcahuetes y bebedores.
Diciendo esto, no faltó uno de aquellos caballeros que por encima de mis espaldas metió la mano debajo las faldas de la diosa que yo traía y buscando bien halló el cántaro de oro, el cual sacó delante de todos; pero con todo este tan nefario crimen, no se avergonzaron ni espantaron aquellos sucios bellacos, mas antes fingiendo un mentiroso reír, diciendo: -¡Oh, qué crueldad!
(EXCLAMACIONES Y APLAUSOS.) Claro, hay alguna gente que se comporta como los muchachos bellacos, que cuando no está el profesor en la clase empiezan a hacer travesuras de todas clases.
Que el pobre Alfonso XIII crea en el milagro y se juzgue digno de que el cielo le defienda, pase; su mentalidad de semigorila no le permite una explicación racional de los hechos. No pasa que otros lo digan de puro bellacos o bribones.