Ejemplos ?
Según una leyenda que, al pasar bajo sus arcos, los animales afectados de una enfermedad quedaban milagrosamente curados. Fuente del agua de batueco: Según una leyenda popular sus aguas tienen propiedades curativas.
Andrés mío: Yo pobrecito de mí, yo Bachiller, yo batueco, y natural por consiguiente de este inculto país, cuya rusticidad pasa por proverbio de boca en boca, de región en región, yo hablador, y careciendo de toda persona dotada de chispa de razón con quien poder dilucidar y ventilar las cuestiones que a mi embotado entendimiento se le ofrecen y le embarazan, y tú cortesano y discreto!
Si, por el contrario, me lo dan, le serviré como cada batueco, o me servirá él a mí por mejor decir; entonces sí que diré que vivimos en la prosperidad, como algunos quieren que lo crea por pruebas que no son pruebas.
Me preguntas si he pretendido yo también alguna cosa; voy a responderte. Yo no pretendo ningún empleo, porque sé que no me lo han de dar, aunque batueco.
-¿Pues no da lástima -me decía otro batueco días atrás- ver la confusión de papeles que se cruzan y se atropellan por todas partes en esos países cultos que se llaman?
A buen seguro que mi padre, y aun mi abuelo, nunca supieron lo que era un libro; era todo lo más si sabían firmar, y el uno murió de ochenta y cinco años y el otro de noventa; ni conocieron nunca lo que era dolerles una uña; y no le parezca a usted que eran unos pelagatos, porque fueron empleados toda su vida, tanto que se puede decir que les salieron los dientes en la oficina, y cuando murieron, el uno tenía una venera y el otro tenía dos.» Y tenía razón el batueco.
Asómbrate, sin embargo: como hay hombres para todo, un batueco de estos que a ratos no lo parecen, me decía ayer hablando de esto: -«Los batuecos que quieren bien a su patria han de empezar por apartar el pensamiento de los empleos y quemar todos los memoriales hechos y por hacer: si el gobierno necesita hombres, hombres buscará, pues ya sabe dónde están, y bien conocidos son; al que no le busquen, que no se haga buscar él, sino que hinque el codo y se aplique.
Sí, señor don Andrés; aquí no tendremos un principio de esperanza sino cuando conozcan todos la necesidad de no sacar más sangre de este cuerpo ya desangrado; cuando tengan mis compatriotas ideas moderadas, un plan uniforme, una marcha prudente, menos egoísmo, menos miedo, menos partidos y colores, menos pereza y holgazanería; cuando el cielo nos envíe luz para ver y aplicación para trabajar; cuando tengamos, en fin, el verdadero deseo de ser felices, que mucho lleva adelantado para serlo quien de veras lo desea, porque el cielo es tan bueno que querrá probablemente todo lo que nosotros de veras queramos. Mira tú, mi Bachiller, por donde se apeó el batueco.
El pueblo contaba con un riachuelo formado por una regata Guesal Erreca («acequia salada») conocida como «Paternáin erreca». También está la denominada agua del batueco: un manantial de agua medicinal a la derecha del riachuelo que va a Ibero.