barriada


También se encuentra en: Sinónimos.

barriada

s. f. Parte de un barrio el índice de atracos se disparó en aquella barriada.

barriada

 
f. Barrio.
Parte de un barrio.
Sinónimos

barriada

sustantivo femenino

barriada:

barrio
Traducciones

barriada

quartier

barriada

quartiere

barriada

bairro

barriada

حي

barriada

Квартал

barriada

השכונה

barriada

近所

barriada

이웃

barriada

neighborhood

barriada

SF (= barrio) → quarter, district (LAm) (= chabolas) → slum, shanty town
Ejemplos ?
Tiró calle arriba, hacia su casa, no tanto por buscar el almuerzo, cuanto por guardar el regalo y contarle a su madrina la estupenda historia. Vivian por Las Aguas, en esa barriada que se extiende falda arriba, entre eucaliptus y cerezos, como banda dispersa de perdices.
¡Reina! Enfáticamente pronunciaban la palabra las mozas del servicio, las comadres de la barriada y las amigas y los parientes viejos.
DICTAMEN: Con el objeto de evitar la adulteración de los artículos alimenticios, la ponencia cree necesario que en las capitales importantes se establezca un laboratorio de análisis en cada barriada, y en las poblaciones secundarias un solo laboratorio central, a fin de poder contar con los suficientes elementos demostrativos para ejercer el boicot contra los comerciantes que se enriquecen a costa de la salud del consumidor y llevarlos a la vindicta pública Con la misma finalidad es necesario el establecimiento del repeso en los mismos locales en que se hallen instalados los laboratorios.
La hermosa tienda y casa de Wing on Ghong fue saqueada e incendiada hasta el suelo y, si no hubiera sido por los bomberos, el fuego pudo haberse extendido. La Barriada china en el Mercado fue enteramente saqueada e incendiada, junto con una gran porción de toda la manzana.
Beci es una feligresía del Concejo de Sopuerta, pero parece un lugar enteramente apartado del Concejo, no tanto porque su antiquísima parroquia de San Cosme y San Damián no sea aneja de la matriz de San Martín de Carral (que existía ya en el siglo XII), como lo son las de Mercadillo, Avellaneda, Labaluga y Labarrieta, cuanto por la situación de sus treinta casas extendidas en una alta meseta que casi desde ninguna barriada del Concejo se descubre, y tiene difícil comunicación con el valle.
El año anterior a la muerte de Ramón Piedrahita, fueron por primera vez, a Guayaquil, para celebrar la Semana Santa en la barriada porteña de la iglesia de La Victoria.
En versos de mil figuras que con beats se corresponden luciendo contraculturas que gusto burgués esconden, rechazando lo industrial, sacando el bien de lo mal y meditando a lo yoga, liberándome de soga, narro estos hechos grotescos de dos rebeldes costeros que para ganar dineros se la pasaban de frescos y respetaban muy poco a lo que creían muy loco: la sociedad que en sus hormas traiciona sus propias normas. Picarones de barriada se aburrían con tanta nada y buscaban aventuras inventando mil basuras.
Los gestos de burla entre la muchachada roquera marcada con tatuajes para indicar su pertenencia a alguna pandilla, como ganado, no se dejaban esperar ni las palabrotas engreídas de juventud que vocife-raban pestes contra el ruco; también los adoradores de las tropicalerías trompeteras soltaban sus descargas insultantes al pinche viejo aburrido del fondo que diario ensayaba sus anticuadas melodías sin inmutarse, sin prestar atención a las feroces críticas de la barriada por interferir con sus antiguallas musicales.
En esta barriada se encontraba el cementerio de Saint-Médard y la tumba del diácono Párs, lugar de peregrinación obligada para los convulsionarios jansenis­tas.
Cuando sabe que se han marchado, alborota la cocina a berridos, dale su padre un par de guantadas, interpónense el seminarista y su madre, apágase la lumbre, oscila la luz del candil, dormita la moza, maya perezoso el gato, caésele la pipa más de una vez de la boca al tío Jeromo, habla torpe sobre los fenómenos de la luz el seminarista; y cuando los relinchos de los marzantes se escuchan lejanos, hacia el fin de la barriada, desfila a paso tardo y vacilante la familia del tío Jeromo a buscar en el reposo del lecho el fin de tan risueña y placentera velada.
Huertos mal cerrados por paredillas transparentes de piedras toscas y desiguales, contiguas a las casitas; anchos retales de braña verde, un poco más lejos, donde picotean patos y gallinas y hozan puercos de recría; alguna cabra en la sierra que asciende poco a poco hacia el Sur, lo bastante para que desde la barriada no se vea, por aquel lado, otra porción de mundo que la comprendida entre la loma y el mar.
Del aire y del tipo de los pocos seres que de ordinario rebullen entre las casucas en la barriada, de los objetos que se ven arrimados a sus muros, o tendidos en el suelo, o sobre las paredillas de los huertos, y del abandono en que están las inmediatas tierras laborables, aun sin fijarse en el dato concluyente de las barquillas que huelgan en la ensenada, deduciría bien pronto el observador menos lince que, sin la excepción de uno solo, todos los habitantes de la barriada son pescadores o viven de la sustancia de este arriesgado oficio.