baronesa

baronesa

 
f. Mujer del barón.
Mujer que goza una baronía.
Traducciones

baronesa

baroness

baronesa

baronne

baronesa

baronessa

baronesa

SFbaroness
Ejemplos ?
Todo el mundo supo en Tours en seguida que la señora baronesa de Listomère, viuda de un teniente general, recogía al abate Birotteau, vicario de Saint-Gatien.
Entre los músicos de Italia se ha visto la misma precocidad. Cimarosa, hijo de un zapatero remendón, era autor a los diecinueve de La Baronesa de Stramba.
Y cuenta que la baronesa desplegaba en su ejercicio una distinción tan natural y graciosa, tan caballeresca, que se diría que era un juego, y que sólo jugando -sin el menor alarde de riesgo- se verificaba el tremendo sport...
Con otras armas cayó la otra, la rubia baronesa alemana, que tiene la carnadura dorada de las Venus del Ticiano y está exenta de todo prejuicio, según dice ella, la lectora de Hauptman y de German Bahr.
-La baronesa, dos horas después de mi llegada, dio a luz una robusta niña, que ha sido recibida con verdadero júbilo, pues ya sabes que no tenía más que un hijo y ella deseaba vivamente una hija.
Un silencio firme, obstinado, fue la única respuesta... Grave, ceñuda, determinada ya, la baronesa había adoptado su resolución...
STAEL-HOLSTEIN, (madame la Baronesa de) Era hija de Mr. de Necker, Ministro de Hacienda en tiempo de Luis XVI y se casó en 1786, con el Barón de Stael, Embajador de Suecia en Francia.
¡Con qué dulzura afectuosa olvidaba su fiereza, el hervor de su sangre morisca, el sol derretido que corría por sus venas bajo la sedeña piel, para amansarse al contacto del cuerpo ágil, con el cual parecía formar uno solo al realizar las empresas de la destreza y del valor! En eso fiaba la baronesa al intentar la suprema prueba de aquella noche.
Se nos asegura que las tertulias de la condesa de Villarson, de la baronesa de Sardent, de la condesa Charles de Pomairols, son algo exquisito.
Y tragedias leídas en los periódicos, historias de asesinatos cometidos por criminales que se desvanecen como el humo, sin dejar huella alguna, ocurrían a la imaginación de la doncella leal, que compartía con la atrevida amazona, desde hacía cinco años, las emociones del riesgo, el engreimiento de los aplausos. A pasos tácitos avanzaba, entre la semiobscuridad de la habitación, cuando la voz de la baronesa se alzó, apacible.
Hacía más de un año que la baronesa vivía en el pueblo con su marido y su hijo, y doña Fermina no había encontrado una ocasión propicia para introducirse en su casa; nunca se había visto una familia de mejor salud; al fin un individuo de los principales, reclamaba los cuidados científicos de Juan de Dios, éste salvaría a la paciente y la amistad entre la ilustre dama y la antigua profesora, llegaría a ser un hecho real y positivo.
-Di al criado de la señora baronesa -se atrevió a murmurar Juan de Dios -que no me siento bien y que me es imposible ir. -¿Qué estás diciendo?