Ejemplos ?
Sólo que Rodil, que era un barbarote que no entendía de papelorios, ni de dibujos, ni garambainas, halló la manera de tender una celada al primer cónsul inglés, aposentándole una bala de a onza en la boca del estómago, y sin más pasaporte lo despachó a pudrir tierra.
Tal vez tan paternal solicitud fue la que inspiró al poeta limeño Juan de Caviedes estos versos, con que da principio a uno de sus más conceptuosos romances: «Excelentísimo duque que, sustituto de Carlos, engrandeces lo que en ti aun más que ascenso, es atraso.» Entre los concurrentes encontrose el hacendado más rico de Lima, que era un ganapán, barbarote, testarudo y judaicamente avaro.
Mari Cruz, antes de contestarle, se hizo instantáneamente esta reflexión: «Feo, tragón y barbarote es este zamacuco, y yo soy casi una señorita; pero a falta de pan, buenas son tortas».
Pero Santalla, que era un barbarote de tan hercúleo vigor que con sólo tres dedos doblaba un peso fuerte, se arrepintió en el momento preciso, y rompió con sus amigos, poniendo la trama en conocimiento del virrey, si bien tuvo la hidalguía de no denunciar a ninguno de los complicados.
Después que Mari Cruz hubo satisfecho esta pregunta sacándole medio pan, medio queso y media azumbre de vino, que el barbarote despachó en medio cuarto de hora, Jatunandi le hizo otra: -¿Cómo te las gobernaste ayer para que ni el cura ni el fraile supiesen que me habías dado las truchas?