Ejemplos ?
-En casa éramos doce -corrobora la tuerta, con tono de indefinible vanidad-, y mi madre baldada, y yo cuidando de la patulea, porque fui la más grande.
DE UNA MUJER PARALITICA QUE SE LLAMABA BÁRBARA Llevaron a su presencia cierta mujer llamada Bárbara, de tierra de Amaya, baldada y muy afligida por la parálisis; y la oración del Santo le restituyó la salud, que hacía mucho tiempo había perdido.
La abadesa se levantó penosamente; el reuma la tenía medio baldada, y gran parte de su penitencia era el arrodillarse para orar, sin cojines ni reclinatorio.
-Y por lo que a ti no te importa -repúsole el señor Francisco, mirándole con tal expresión de cariño y de reproche que Joseíto sintió como si se le convirtieran en lágrimas su cólera; inclinó la cabeza sobre el brazo en la mesa para ocultar su llanto, y recordó a su madre, no vieja, baldada y encanecida, si no radiante de hermosura como la veía en sus retratos de joven, y recordó también aquella copla maldita que hubo de oír una vez de niño, de muy niño aún, cuando todavía llamaban a su madre el Sol de Casariche, aquella copla que decía: ::Sol por mote te pusieron, ::y de fijo no se sabe ::si por bonita o porque ::eres de tos cuando sales.
La pobre baldada me dijo, un día en que aventuré la pregunta, que había elegido Paita por consejo de un médico, quien juzgaba que con baños de arena recobrarían los nervios de la enferma la flexibilidad perdida.
Vian en la noche del 26 al 27 de mayo ubicó y acosó osada e incensantemente a la poderosa unidad germana que ya estaba baldada, pero las condiciones de mar gruesa sumado a la excelente puntería de los artilleros germanos limitaron la acción de los destructores de Vian sin lograr un solo impacto de torpedo.
«Llevaron a su presencia cierta mujer llamada Bárbara, de tierra de Amaya, baldada y muy afligida por la parálisis; y la oración del Santo le restituyó la salud, que hacía mucho tiempo había perdido».
Pero el atentado contra su principal valedor, Juan Prim, al día siguiente, a causa del cual murió, dejó baldada a la nueva monarquía desde un principio.
Cerca de cuatro mil bajas, entre muertos y heridos, quedaron de ambas partes…siendo los héroes de esta primera victoria de la Patria el Coronel Simón Bolívar, que estaba todas horas en los sitios de mayor peligro, el General Fernando Toro, que salió herido gravemente y el Capitán Lorenzo Buroz que rindió la vida gallarda y abnegadamente”. Efectivamente Fernando Toro, impactado por fuego de cañón, perdió una pierna, mientras la otra le quedaría baldada para siempre.
¡Sin verla sé yo el intríngulis del portento! Esa mujer trabajaba, cocía pan en el horno; salió un día sudando, quedó baldada, y se ha ido consumiendo así...