Ejemplos ?
Y, luego, incontinente se trató en este cabildo que los Vecinos de la Ciudad, sin pedir licencia, echaban balcones voladizos, se mandó se le notifique a Blas de Vera que un balcón que ha arrojado en la calle principal, que cae a la Plazuela de Santo Domingo, no pase adelante con él, por ser contra Leyes Reales de Su Majestad, o presente privilegio que tenga para poderlo hacer, y de no hacerlo así dentro de(l) (día) tercero, se le derribará por este Cabildo, y se le comete la ejecución de ello a Don Antonio Calderón, Alcalde Ordinario para que lo ejecute.
La Marquesa de Tor, con el gesto familiar y desabrido que solían adoptar para hablarme todas mis viejas y devotas tías, me llamó al hueco de un balcón: Me acerqué reacio porque nada halagüeño presagiaba.
Una noche en Florencia, asomado a un balcón, escuché a unos cantores populares de los que amenizan con sus romanzas la digestión de la muchedumbre cosmopolita albergada en los hoteles inmediatos al río.
Y el ademán con que pretendemos encubrir algo íntimo es el grito más claro en que lo revelamos. Así yo sé que usted ha estado una tarde esperando en su balcón que alguien pasase, alguien que no iba en busca de usted.
Cuando, sentada en el balcón, espero, sin aliento, sus pasos, las hojas están mudas en los árboles, el agua está quieta en el río como la espada en las rodillas de un centinela dormido...
Y la mujer, sin embargo, aquel balcón contemplaba como quien algo esperaba que apareciera por él. Y el balcón siempre cerrado y solitario seguía, y abrírsele no venía dueña, galán ni doncel.
Yo te conozco, ¡oh Dios!, en los rumores que a este árabe balcón nos trae el viento, perfumado entre pámpanos y flores y armonizado con el grato acento de las aves de abril!
Y algunos minutos después, cuando ya el famoso don Paco, jadeante y cubierto de sudor, veía destacarse a lo lejos el pequeño balcón lleno de flores y enredaderas, donde solía ver luciendo sus gallardías a la hembra de sus pensamientos; cuando ya divisaba cercano el fin de la fatigosa caminata y disponiase a gozar de su triunfo, vio, lleno de asombro y de ira, pasar por su lado, suelta y gallarda, rápida y sonriente y llevando su cántaro al cuadril, a Dolores la Jarampera.
De tu boca, más fresca que aura de río, cae la sonrisa en mi alma como un rocío; tu voz es a mi oído música grata cual de arpa que en la sombra su son dilata; tus palabras del cielo son armonía, los besos de tu boca miel y ambrosía. A tu balcón un punto sal, mi embeleso, y en el aura nocturna mándame un beso.
Mas de allí… tras la persiana de mi balcón, que caía a los jardines, veía noche y día coquetear a Rosa, llevando ufana en redor sus cien galanes: y al fin con tantos afanes pensé de un golpe acabar.
Mas nadie llega, y la noche se oscurece y encapota, y la lluvia gota a gota pronostica el temporal, y se oye lejos el viento, que en ráfagas cruza errante, y va del turbión delante con el mensaje fatal. Y la mujer, sin moverse ni hacer de la lluvia caso, del escalón no da un paso, siempre mirando al balcón.
Y es mejor dormir en ella del vino la exaltación, en deliciosos ensueños de pasajero vapor, que comer maíz en tortas y el alcuzcuz y el arroz, y emborracharse con opio, trepando luego a un balcón, para excitar en la mente delirio fascinador, que al cabo ataca los nervios y oscurece la razón, y torna a los hombres locos o necios, que es lo peor.