bajeza

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bajeza

1. s. f. Acto degradante o indigno aún no comprendo cómo fue capaz de tal bajeza. ruindad
2. Cualidad de bajo o despreciable. vileza
3. Condición de humildad o inferioridad.

bajeza

 
f. Acción indigna.
Calidad de bajo.
Abatimiento, humillación.
fig.bajeza de ánimo Poquedad (timidez).

bajeza

(ba'xeθa)
sustantivo femenino
1. hecho indigno y detestable en perjuicio de alguien la bajeza de maltratar a un niño
2. nobleza condición de indigno y detestable bajeza de sentimientos
Traducciones

bajeza

meanness

bajeza

bassezza

bajeza

SF
1. (= maldad) → vileness, baseness
2. (= acto malvado) → mean deed, vile deed
Ejemplos ?
El Amor de la Venus popular es popular también y no inspira más que bajezas; el Amor que reina entre los malos, que aman sin selección lo mismo a las mujeres que a los jóvenes, al cuerpo más que al alma, mientras más insensato se es, se es tanto más solicitado por los malos, que sólo aspiran al goce sensual, y con tal de conseguirlo poco les importan los medios con que lo logran.
Hay hombres y cuéntanse a millones, que sólo os buscan y as quieren para satisfacer en vosotras su necia vanidad, para pasear sobre vuestra delicadeza su orgullo de cobardes y su decantada superioridad, para desquitarse en vosotras, tiernas sensitivas, de las indignidades y bajezas que ellos diariamente tienen para con los déspotas que los oprimen y tratan como bestias aprovechándose de su espíritu pusilánime.
Las olas del mar se encrespan para besar las furias de los protervos; burbujean para escupir lo que está por cima de sus bajezas. La conciencia de los déspotas, sucia charca, remeda pobremente las turbulencias del océano.
No recuerdo si leí ó me contaron que un clérigo molondro, y á quien el pueblo, aludiendo á que usaba peluquín rubio, llamaba el abate Citcaracha consiguió á fuerza de trapacerías y bajezas, la protección de im virrey, el cual, á pesar de la tenaz resistencia del Cabildo eclesiástico, logró, á la larga, que su ahijado se calzase una canongía.
Nunca olvidaremos ni perdonaremos a los terroristas que llevaron a cabo el atentado, a los que jamás daremos la más mínima posibilidad de comprensión, justificación, ni crédito de representatividad de nada ni de nadie. El terrorismo es la mayor de las bajezas y la mayor de las cobardías.
Y todo esto, sin embargo, no sólo no está mal en un hombre que ama, sino que, al contrario, le sienta maravillosamente; no solamente se soportan las bajezas sin ver en ellas nada deshonroso, sino se le aprecia como a un hombre que cumple bien su deber; y lo más extraño todavía es que los amantes son los únicos perjuros a los que no castigan los dioses, porque se dice que en el amor no obligan los juramentos, ya que es verdad que en nuestras costumbres los hombres y los dioses permiten todo a los amantes.
TENOCHTITLAN y TEZCOCO, junto con la ciudad hermana TLATELOLCO, lucharían unidas tras ese fin, sin importar que las naturales bajezas animales de los hombres trataran de impedirlas.
Pues haciendo tales bajezas para tenerlos; diciendo tales cosas respecto de ellos, que el dueño o la dueña, viejo que lo conoció a uno de muchacho, o muchacho que lo admira y quiere tenerlo contento, a las pocas vueltas manda la pintura, el broncecito, el objeto histórico, diciéndose: «Esto aquí no luce mayor cosa y en cambio Monteverde contará que es regalo mío...».
Lavad vuestra alma, encontradla y dadla toda entera, con sus grandezas y con sus bajezas, con sus fulgores sublimes y con sus tinieblas opacas, con sus cobardías y hasta con sus monstruosidades.
Recordó todos sus instintos de lujo, todas las privaciones de su alma, las bajezas del matrimonio, del gobierno de la casa, sus sueños caídos en el barro, como golondrinas heridas, todo lo que había deseado, todas las privaciones pasadas, todo lo que hubiera podido tener, y ¿por qué?, ¿por qué?
Pero un resto de honor mal entendido que bulle en el pecho de mi sobrino, y que le impide prestarse para sustentar a su familia a ocupaciones groseras, no le impide precipitarse en el juego, y en todos los vicios y bajezas, en todos los peligros que son su consecuencia.
Ese fabricante que entre reverencias y distinciones te recibe en su establecimiento donde todo se vende, desde la sonrisa de la hermosa dame au comptoir hasta el último clavo de sus lujosos escaparates, y donde todo es falso, desde esas sonrisas hasta el color de las mercancías, hasta las formas de la beldad que la preside por un salario proporcionado a la fuerza de sus hechizos; el commissionnaire, de frac y almidonada corbata, que se presta a todo género de bajezas por algunos sueldos...