bajarse


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bajarse

(baˈxaɾse)
verbo pronominal
inclinarse alguien hacia el suelo bajarse para tocar el suelo
Traducciones
Ejemplos ?
Ya sonreía afectado por ideas seductoras, ya el entrecejo fruncía por negros recuerdos de otras; y tan absorto se hallaba con sus visiones gloriosas, que ya alzaba el sacerdote la sacratísima forma, y él, sin bajarse a adorarla, en su quietud silenciosa continuaba con escándalo del pueblo que cree y adora.
Entonces, sin querer alejarse demasiado, decidió bajarse en la pequeña ciudad de Italia, peor en ese otro lugar se ha encontrado, sin duda, con recuerdos que le produjeron desesperaciones nuevas.
Los pueblos han de vivir criticándose, porque la crítica es la salud; pero con un solo pecho y una sola mente. ¡Bajarse hasta los infelices, y alzarlos en los brazos!
¡o lo que fuese!, al mismo instante de ofrecerlo, los caballos, que ya se lanzaban al vacío, sobre el abismo, se detuvieron de súbito, como si una mano los sujetase..., y las dos señoras pudieron bajarse del coche, aún temblorosas de espanto.
¡Qué delicadeza de sentimiento, qué divina voluptuosidad, qué caridad sublime, qué distinción, en suma, había en preferir bajarse a contemplar el mísero gusano y despreciar a las estrellas de su corte interplanetaria!
la verdad, aunque todas las misas sean idénticas y su valor igualmente infinito como sacrificio en que hace de víctima el mismo Dios, yo preferí siempre oír la del señor doctoral de Marineda, figurándome que si los ángeles tuviesen la humorada de bajarse del cielo, donde lo pasan tan ricamente, para servir de monaguillos a los hijos de los hombres, cualquier día veo a un hermoso mancebo rubio, igual que lo pintan en las Anunciaciones, tocando la campanilla y alzándole respetuosamente al señor doctoral la casulla.
Entre su nerviosismo y su natural torpeza al bajarse del carro, Peggotty estaba haciendo las contorsiones más extravagantes; pero yo estaba demasiado desconcertado para decirle nada.
Mas cuando supo lo que pedía el pavo, la manezuela regordeta que ya iba a bajarse concediendo, se alzó otra vez, y en el lenguaje del misterio, el Niño dijo al pavo: -Pero ¿tú has pensado bien lo que solicitas?
Me subí a una silla para mirar un mapa en el otro extremo de la habitación; me hundí en la lectura de un periódico, pero sus ojos me atraían, y siempre que lanzaba una mirada sobre aquellos dos soles abrasados estaba seguro de verlos levantarse o bajarse en el mismo instante.
-decían riéndose, y la mandaron ir a la cocina: tenía que trabajar allí desde por la mañana hasta la noche, levantarse temprano, traer agua, encender lumbre, coser y lavar; sus hermanas la hacían además todo el daño posible, se burlaban de ella y la vertían la comida en la lumbre, de manera que tenía que bajarse a recogerla.
Entraron por la ventana de la cocina dos palomas blancas, después dos tórtolas, y por último comenzaron a revolotear alredor del hogar todos los pájaros del cielo que acabaron por bajarse a la ceniza y las palomas picoteaban con sus piquitos diciendo pi, pi, y los demás pájaros comenzaron a decir también pi, pi, y pusieron todas las lentejas buenas en el plato, y aun no había trascurrido media hora, cuando ya estaba todo concluido y se marcharon volando.
El hombre que guiaba refrenó al jaco y miró con sorpresa. Vamos, habría que bajarse, que prestar socorro al borracho... ¡No se trataba de un borracho!