bailarina


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bailarina

ballerina, dancer

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baletka

bailarina

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Ballerina

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バレリーナ

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발레리나

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Ejemplos ?
Don Gallo, desde su alto gallinero, la acompaña cantando con esmero: -Sigue tú, bailarina, con tu danza; qué importa lo que diga doña Gansa.
La espalda vuelve en silencio y tal vez con una injuria compensa sus atenciones que no la agradece nunca, y ella se queda llorando, y él sale, la faz ceñuda tras una mirada incierta de la bailarina impúdica.
Y, en fin, por pasos contados, Y por doblones sin cuenta, Llegó el juez hasta las plantas De la bailarina bella, Tanto más, cuanto que a ser La cosa de otra manera, Hubiera bailado un solo Con música de la Empresa, Pues los golillas de entonces, En un dos por tres pudieran Hacer de un corchete un santo, Y un testigo de una piedra.
De todas maneras, yo no puedo menos de felicitar una y mil veces a los gigantes políticos, a esos denodados patriotas que, en nombre del pudor y de la dignidad nacional, arrojan del Trono a una señora que «lo deshonraba con sus liviandades» y se apresuran a sustituirla con... una ilustre bailarina, que ni siquiera tenía derecho a llamarse esposa del rey, aunque partía con él el tálamo.
En las puertas de la ciudad hubimos de confiar los caballos al soldado, y recatándonos caminamos a pie. Nos detuvimos ante un caserón con rejas: Era el caserón de mi bella bailarina elevada a Duquesa de Uclés.
Así estuvieron un punto, Y sin comprender apenas Don Lope y la bailarina Del de Alarcón la presencia, Hasta que una carcajada De éste, a todo trapo suelta, Cambió del todo por último La situación de la escena.
Y ésta es la interpretación del hecho, y la diferencia de amor que gana y estima, y amor que compra, usa y deja. Ya estas palabras mordiéndose la bailarina la lengua, cambió de copa don Juan, y destapó otra botella.
No me pesó a fe, porque aquello estaba magnífico, Paquita, la bailarina favorita de Lima, extasiaba a la concurrencia numerosa que la contemplaba, pasando simultáneamente del arrobamiento al entusiasmo.
¡No se quemará, ::pues vendrán las olas ::y lo apagarán!». Aquella bacanal no podía ser más inmunda, ni la bailarina más asquerosamente lúbrica en sus movimientos.
La antigua bailarina, fiel a la tradición como una gran dama, se estaba arruinando por la Causa: Ella sola había costeado las armas y monturas de cien jinetes: Cien lanzas que se llamaron de Don Jaime.
Servía a la bailarina una criada de color de chocolate, con la luna y las estrellas tatuadas en la frente, en las mejillas, en el dorso de las manos y en los talones.
Bajo el sobaco soportaba la alfombra arrollada, de cuyo centro salía la punta de la espada. El hermano de El Mokri intervino: -¿Tú eres Rahutia, la bailarina?