bacalao


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bacalao

1. s. m. ZOOLOGÍA Pez teleósteo marino, grande, de color variable, que vive en mar abierto y cuya carne es un alimento muy apreciado. abadejo
2. COCINA Carne de este pez curada y salada para su conservación.
3. bacalao de Escocia COCINA Merluza que se prepara como el bacalao.
4. cortar el bacalao coloquial Ser el que da las órdenes o lleva la iniciativa en un colectivo, en una organización o en un negocio no es él quien corta el bacalao, dirígete directamente a ella.
NOTA: Nombre científico: (Gadus morrhua.)
NOTA: También se escribe: bacallao

bacalao

 
m. zool. Pez osteíctio del orden gadiformes, familia gádidos (Gadus morrhua), de maxilar superior prominente y coloración verde oliváceo. El bacalao es propio de las aguas frías del hemisferio norte. Es muy apreciado como comestible.

bacalao

(bakaˈlao)
sustantivo masculino
zoología pez marino de hasta 2 m de longitud, de color verdoso, que vive formando bancos en alta mar En el puerto salan el bacalao para conservarlo.
mandar en un asunto Su hijo es quien corta el bacalao en la empresa.
Sinónimos

bacalao

sustantivo masculino

cortar el bacalao locución (col.)mangonear, mandar, dirigir*, manipular, tener la sartén por el mango.
Traducciones

bacalao

cod, codfish

bacalao

treska

bacalao

torsk

bacalao

turska

bacalao

bakalar

bacalao

タラ

bacalao

대구

bacalao

kabeljauw

bacalao

torsk

bacalao

dorsz

bacalao

bacalhau

bacalao

torsk

bacalao

ปลาคอด

bacalao

cá tuyết

bacalao

鳕鱼

bacalao

ТРЕСКА

bacalao

בקלה

bacalao

SM
1. (= pez) → cod, codfish
cortar el bacalaoto be the boss, have the final say, run the show
¡te conozco, bacalao!I've rumbled you!
ser un bacalaoto be as thin as a rake
2. (Cono Sur) → miser, scrooge
3. (Esp) → cunt

bacalao

m. codfish.
Ejemplos ?
odo en él era largo: la nariz, el pescuezo, la cabeza, el cuerpo, las piernas y los brazos; hasta el nombre y el apellido también eran regulares, pues se llamaba Saturnino Llaureguiberry; pero como pertenecía a la variedad de los vascos flacos, lo conocían exclusivamente por el nombre de Bacalao, y esto a tal punto que si a alguno se le hubiera ocurrido llamarlo Llaureguiberry, es muy probable que no se hubiera acordado de contestar.
Una tarde, al volver del campo y después de haber encerrado la majada en el corral, encontró, sentada en una de las dos cabezas de buey que formaban el juego de asientos del único cuarto del rancho, cerca del fogón, en el cual había dejado cantando sobre las brasas la pava para el mate, una mujer, joven, no mal parecida, vestida pobremente, pero ni más ni menos que la generalidad de los habitantes del campo. Bacalao no le preguntó de dónde venía, ni a dónde iba, ni ella se lo dijo tampoco.
Allí tiene nueces, castañas, almendras, batatas, cirolitas imperiales envueltas en papel para que se pasen, guindas en aguardiente, orejones y otras mil chucherías. Los pimientos picantes, las guindillas y cornetas y los ajos, cuelgan en ristras al lado del bacalao, en la parte menos pulcra.
Dueño de la única cantina o pulpería del pueblo era un andaluz, el cual, vendiendo bacalao y vino peleón, iba bonitamente rellenando la hucha.
Haciendo zapatos empezó a ser rico; acrecentó luego su riqueza dando dinero a premio, aunque por ser hombre concienzudo, temeroso de Dios y muy caritativo, nunca llevó más de 10 por 100 al año; después fundó y abrió una tienda o bazar, donde se vendía cuanto hay que vender: azúcar, café, judías, bacalao, barajas, devocionarios, libros para los niños de la escuela y toda clase de tejidos y de adornos para la vestimenta de hombres y mujeres.
Ya has visto, a San Isidro y San Antonio de la Horia; pues bien: colócales sobre verdes y olorosas praderas; quítales aquellos tinajones nauseabundos de buñuelos, sus anaquelerías de venenosas botellitas, sus tiovivos y estridentes caramillos; su movimiento todo de mercado público, y dales, en su defecto, platos de bacalao, pellejos de vino de Rioja, tamboriles y panderos, trajes tan variados y pintorescos como un plan de banderas, y una concurrencia que, vista, desde lejos, se mueve de abajo arriba, como los pistones de un cornetín, y tendrás una idea de este espectáculo montañés, tan frecuente como los santos del calendario, pues en verano es raro el que no tiene romería.
Una hora después, volvía con ella; en el cuarto se oían lamentos: la matrona se apeó y entró en él majestuosamente, cerrando sobre sí la puerta y dejando a Bacalao soñar en el patio con los nuevos deberes que le iban a corresponder.
Cerca de tres años, vivieron así; él, cuidando sus ovejas, con el chico, muchas veces, sentado por delante; ella, cuidando la casa, cocinando, lavando, sin salir más que para visitar de cuando en cuando a una vecina, cuyo rancho quedaba bastante cerca para ir de a pie. Una tarde, salió Bacalao a repuntar la majada.
Le debo a ella, a Eugenia, ¿cómo negarlo?, el que haya despertado mi facultad amorosa; pero una vez que me la despertó y suscitó no necesito ya de ella; lo que sobran son mujeres.» Al llegar a esto no pudo por menos que sonreírse, y es que se acordó de aquella frase de Víctor cuando anunciándoles Gervasio, recién casado, que se iba con su mujer a pasar una temporadita en París, le dijo: «¿A París y con mujer? ¡Eso es como ir con un bacalao a Escocia!» Lo que le hizo muchísima gracia a Augusto.
Y el diablo del chico, según se iba haciendo mozalbete, como si le probasen mejor las raíces cuadradas y los logaritmos, que el rábano y el hígado de bacalao, iba echando...
Porque la patria no es sólo el aire que respiramos, el río de que bebemos, el terreno que sembramos, la casa donde vivimos y el cementerio en que duermen nuestros antepasados; es también el soplón que nos delata, el esbirro que nos apercolla, el juez que nos condena, el carcelero que nos guarda y la suprema autoridad a quien debemos obediencia y sumisión, ya esté representada por un general sudamericano que a duras penas sepa leer y escribir, ya por un reyezuelo español que lleve por cerebro un trozo de bacalao frito en el aceite de alguna sacristía.
El pastor se rascó la cabeza, escupió por entre los incisivos, y después de pasear su vista por los circunstantes, replicó en estos términos: -Ya sé yo que más de cuatro, que pue que no estén muy lejos de aquí, por el aquel de hacer mal y porque hay lenguas que atarazás entre dos cantos debieran estar, han corrío por el pueblo lo de la manteca; pero ¡permita Dios que me trague la tierra aquí mesmo de repente si en el puerto se ha hecho medio cuarterón de manteca, ni se ha bajao a Mercadal más que por el efeuto de comprar dos libras de bacalao y siete maquileros de harina!