búho

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búho

(Del lat. vulgar bufo < bubo.)
1. s. m. ZOOLOGÍA Ave rapaz nocturna, que se alimenta de roedores y pequeños animales.
2. coloquial Persona retraída y huraña.

búho

 
m. zool. Nombre común de diversas aves estrigiformes de la familia estrígidos, de costumbres nocturnas y carnívoras.
fig. y fam.Persona huraña.

búho

('buo)
sustantivo masculino
zoología ave de presa nocturna, de unos 70 cm de altura, plumaje pardo y grandes ojos redondos El búho se alimenta de pequeños roedores.
Traducciones

búho

owl

búho

Eule

búho

sova

búho

ugle

búho

pöllö

búho

sova

búho

フクロウ

búho

올빼미

búho

uil

búho

ugle

búho

sowa

búho

coruja

búho

uggla

búho

นกเค้าแมว

búho

baykuş

búho

con cú

búho

БУХАЛ

búho

貓頭鷹

búho

SM
1. (Orn) → owl, long-eared owl
búho realeagle owl
2. (= persona) → unsociable person, recluse
Ejemplos ?
Mientras que permanecían, los Búhos, advertidos por la adolescente, subieron numerosos a la cavidad sobre la tierra, adonde subió también su aviso .
Oh Consejeros de los Varones, sacrificadla, recoged su corazón en una copa. Volved hoy al lado de los jefes”, dijo él a los Búhos.
Sin vacilar un instante, y con heroica valentía, penetró en el subterráneo, espantando a los búhos y murciélagos que allí anidaban, y que oseados huyeron.
He aquí a los mensajeros Búhos: Flecha-Búho, Maestro Gigante Búho, Guacamayo-Búho, Cabeza-Búho; así se llamaban los mensajeros de Xibalbá.
Soplaba por el patio de honor y resonaba como la bocina del portero, pero no había ya portero; hacía girar la veleta de la torre del homenaje, lo que producía un ruido sordo que se habría tomado por los ronquidos del vigía, pero hacía tiempo que el vigía se había marchado; solo los búhos y las cornejas reinaban en la torre.
Los de la Enemistad. Los de los Búhos, no excitaban más que al mal, más que a ¡a guerra. Así, eran disimulados de corazón, negros - blancos envidiosos, opresores, se decía.
Quiso que los judíos comiesen un cordero guisado con lechugas y que los comensales lo comiesen de pie, con un báculo en la mano, en conmemoración de la Pascua judía; ordenó que la consagración del Sumo Sacerdote se hicie­se poniendo sangre en su oreja derecha, en su mano derecha y en su pie derecho, costumbres extraordinarias para nosotros, pero no para la antigüedad; quiso que se cargase al chivo expia­torio con las iniquidades del pueblo; prohibió comer peces sin escamas, cerdos, liebres, erizos, búhos, grifos, ixiones, etc.
Si no tienes, ni en tu arca, ni en tu bolsillo, algunos de esos tejoletes o algunos de esos papeluchos espirituales, todas las flores te parecerán abrojos, y la Primavera, invierno; los claveles te apestarán como la flor de la sardina; el almoraduj, el serpol, el toronjil y la albahaca, te inficionarán como la ruda; las hojas aterciopeladas de la begonia te punzarán al las manos como si fuesen cardos borrriqueros; al tocar la mimosa púdica creerás tocar aliagas y ortigas; serán para ti como tártago la hierbabuena y la manzanilla; la caña dulce te amargará el paladar como retama; á la roja flor del granado preferirás el jaramago amarillo; confundirás el canto del ruiseñor con el de la rana; se te antojaran cuervos las tórtolas y búhos las palomas...
Entonces el árbol se volvió célebre a causa de la adolescente; fue llamado Árbol Rojo de Cochinilla; fue pues llamado Sangre a causa de la sangre del Drago, así llamado. “Allí pues seréis amados, y lo que está en la superficie de la tierra será vuestro”, dijo ella a los Búhos.
Ya parece de los búhos La horrible voz sepulcral; Ya de un inmenso gentío El confuso respirar; Ya fatídica campana vibrando en la oscuridad, Cuyos sonidos mil ecos Repitiendo en torno van.
Sin embargo, desde la cima de la montaña llega hasta mi balcón, a través de las nubes transparentes del atardecer, un gran aullido, compuesto de una multitud de gritos discordes que el espacio transforma en lúgubre armonía, como de marea ascendente o de tempestad que empieza. ¿Quiénes son los infortunados a quien la tarde no calma, y toman, como los búhos, la llegada de la noche por señal de aquelarre?
Los únicos seres que parecían contentos eran los búhos; sus plumas estaban atiesadas por la escarcha, pero eso los tenía sin cuidado; movían sus grandes ojos amarillos y no cesaban de llamarse unos a otros a través del bosque: ¡Tu—juit!