Ejemplos ?
El búho huye en la noche, sombra negra que atraviesa el espacio negro, y alegre, embriagado por la negra inmensidad, lanza su grito vibrante y siniestro.
Cabeza Búho no tenía más que una cabeza, no tenía piernas pero sí alas. Esos cuatro mensajeros tenían el oficio de Consejeros de los Varones.
Con voz temblorosa dijo: Pasé por su jardín Y con un solo ojo Pude observar muy bien Cómo el búho y la pantera Estaban repartiéndose un pastel.
Cuando el álamo pomposo Levantó tan orgulloso Su cabeza, Todas las aves del valle Bajaron á celebralle Su grandeza. Cuando por tierra caído, Solo el siniestro graznido Del búho entorno se oía: ¿Qué se hacía el ruiseñor Con sus cantares de amor?
En el centro de la herradura había un anciano sentado en un estrado que parecía un púlpito. Si hubiera visto a aquel señor en una jaula le habría tornado por un búho; pero supe que era el juez presidente.
El búho de cementerio cayó accidentado, realizándose casi al pie de la letra aquello que canta la copla: «el vivo se cayó muerto y el muerto partió a correr».
Flecha-Búho era rápido como una flecha. De Maestro Gigante Búho la naturaleza era de gigante. De Guacamayo-Búho, la naturaleza era un dorso de fuego .
Cada vez que don Pedro oía bajo sus pies el rodar de sillas y estrépito de pisadas de los que acompañaban en las largas noches de invierno al patriarca del tradicionalismo, y les sentía bajar, metiendo bulla y riendo a carcajadas, la vetusta escalera, una hipocondría profunda se apoderaba de él, y envolviéndose en su vieja bata de tartán, único preservativo que contra el riguroso frío usaba, y paseando de arriba abajo en su desmantelado e inútil salón, daba vueltas al problema siguiente: «Vamos a ver: yo conocí a ese búho de don Juan Boina hace la friolera de cincuenta y tantos añitos.
El llamado Cavador de Rostros vino a arrancarles los ojos: Murciélago de la Muerte, vino a cortarles la cabeza: Brujo-Pavo vino a comer su carne: Brujo-Búho vino a triturar, a romper sus huesos, sus nervios: fueron triturados, fueron pulverizados, en castigo de sus rostros, porque no habían pensado ante sus Madres, ante sus Padres, los Espíritus del Cielo llamados Maestros Gigantes.
Tembló al oír el grito del búho, el pájaro de la desgracia, y se estremeció viendo las estrellas deslizarse en el cielo, pues las estrellas fugaces, le habían contado, eran las ánimas de los muertos que se dirigían al otro mundo.
Jamás hablo a las gentes Con aire grave, tono jactancioso, Pues saben los prudentes Que, lejos de ser sabio el que así hable, Será un búho solemne, despreciable.
He aquí a los mensajeros Búhos: Flecha-Búho, Maestro Gigante Búho, Guacamayo-Búho, Cabeza-Búho; así se llamaban los mensajeros de Xibalbá.