bóveda

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bóveda

(Del germ. *bucvitha < buan, construir.)
1. s. f. ARQUITECTURA Obra o construcción arqueada que sirve para cubrir el espacio entre dos muros o varios pilares.
2. CONSTRUCCIÓN Cripta, construcción subterránea arqueada y cubierta que arranca del suelo.
3. CONSTRUCCIÓN Cámara subterránea abovedada.
4. Amér. Cámara acorazada, caja de caudales.
5. bóveda celeste Cielo o firmamento durmieron bajo la bóveda celeste.
6. bóveda craneal ANATOMÍA Conjunto de huesos que protegen el encéfalo.
7. bóveda palatina ANATOMÍA Paladar, parte interior y superior de la boca.

bóveda

 
f. arq. Obra de fábrica para cubrir el espacio comprendido entre dos muros o varios pilares. Con ella se consigue reducir los elementos de sostén y disminuir el peso de la cubierta.
Cripta (lugar subterráneo).
anat. bóveda craneal Parte superior e interna del cráneo.
bóveda palatina El paladar.
astron. bóveda celeste El firmamento.

Bóveda

 
Mun. de la prov. española de Lugo; 2 087 h.

bóveda

('boβeða)
sustantivo femenino
1. arquitectura techo curvilíneo comprendido entre dos pilares bóveda de la catedral
2. cámara usada en los bancos para guardar dinero bóveda del banco
Sinónimos

bóveda


bóveda celeste sustantivo masculino firmamento, cielo.

bóveda:

cúpula
Traducciones

bóveda

Gewölbe

bóveda

volbo

bóveda

voûte, voute

bóveda

obok

bóveda

abóbada

bóveda

volta

bóveda

gewelf

bóveda

قبو

bóveda

Sklepienie

bóveda

Hvælving

bóveda

קמרון

bóveda

Valv

bóveda

SF
1. (Arquit) → vault
bóveda celestevault of heaven
bóveda cranealcranial cavity
bóveda de cañónbarrel vault
2. (= cueva) → cave, cavern
Ejemplos ?
La antigua mezquita del convento de Sanlúcar, una maravillosa edificación construida por los moros, cuyas bóvedas escuchaban desde hacía tres siglos el nombre de Jesucristo sustituyendo al de Alá, no pudo contener a la multitud que acudía a ver la ceremonia.
¡Ah! ¡si pudiera ir así hasta más allá de este mundo, escuchando esa voz que encantó un día mi oído, bajo las bóvedas del Socorro!
Los difuntos se enterraban en un corralón o campo santo que tenía cada hospital, o en las bóvedas de las iglesias, con no poco peligro de la salubridad pública.
Y en las edades sublimes de la basílica, danzarían, de cierto, lo mismo que cantaban, bajo aquellas bóvedas, los peregrinos venidos de los confines del orbe: los de Armenia y Cilicia, los de Arabia y Egipto, los de Tartaria y los del monte Cáucaso...
Me ahogaba. Las bóvedas caían sobre mis hombros y me parecía como si sostuviera sólo yo con mi cabeza todo el peso de la cúpula. Al franquear el umbral una mano se apoderó bruscamente de la mía, ¡una mano de mujer!
El misterioso bandido penetró al fin en la sala del Concejo, y un silencio profundo sucedió a los rumores que se elevaran de entre los circunstantes al oír resonar bajo las latas bóvedas de aquel recinto el metálico son de sus acicates de oro.
El uno gracioso, elegante, adornado con todos los órdenes de arquitectura, cercado de jardines donde se elevan los más sombrosos árboles; donde se abren las más hermosas flores, donde cantan las más canoras aves, donde rugen las más horribles fieras. El otro, sombrío pero magnífico, agrupando sus bronceadas piedras en muros y bóvedas de severo e imponente aspecto.
El doctor Agüero fue un hombre de alma buena, pura y cariñosa; sobrevivió muy pocos meses a su separación del Colegio, y hoy reposa en paz bajo las bóvedas de la Catedral de Buenos Aires.
Que nasce fermosa la más bella rosa que tiene el jardín. VI. Su dulce voz expiró, y sus ecos repitieron las bóvedas de Muñó. Y en vano le pidieron quedase en el castillo.
Más, en verdad, me pluguiera conducirte a una pagoda india, o a un chinesco alcázar de estalactíticas bóvedas de cedro eterno y fragante incrustado de oro y concha, de marmóreos pavimentos que orlaran densas alfombras, de techumbres sostenidas por columnas salomónicas, basadas sobre elefantes de negros pies y áureas trompas, de salones alumbrados por perfumadas antorchas, con son de música y fiesta estremecida su atmósfera; circundados de jardines encantados, de frondosas arboledas, y cascadas espumantes y sonoras; pero, ¡ay, lector!, el Oriente mi errante ingenio abandona y cierra de la Edad Media las caballerescas crónicas, para contarte del siglo de las luces una historia tan tenebrosa y confusa como su luz y sus glorias.
Por las extensas galerías que se prolongaban a lo lejos, formando un intricado laberinto de pilastras esbeltas y ojivas caladas y ligeras como el encaje; por los espaciosos salones vestidos de tapices, donde la seda y el oro habían representado con mil colores diversos, escenas de amor, de caza y de guerra, y adornados con trofeos de armas y escudos, sobre los cuales vertían un mar de chispeante luz un sinnúmero de lámparas y de candelabros de bronce, palta y oro, colgadas aquéllas de las altísimas bóvedas y enclavados éstos en los gruesos sillares de los muros...
El obispo, un anciano venerable, me parecía Dios Padre inclinado en su eternidad, y podía ver el cielo a través de las bóvedas del templo.