azoramiento

azoramiento

s. m. Acción y resultado de azorar, turbar o aturdir a una persona el azoramiento se expresaba en la rojez de su rostro. turbación

azoramiento

(aθoɾa'mjento)
sustantivo masculino
turbación o aturdimiento El azoramiento es a veces seguido de pánico.
Traducciones

azoramiento

confusion, excitement

azoramiento

SM
1. (= alarma) → alarm
2. (= turbación) → embarrassment, fluster
3. (= emoción) → excitement
Ejemplos ?
Debido a la fama que le dan a las autoridades, durante el rectorado de Aragón en 1973, él mismo cuenta que no la esperaba, y "cuál no habrá sido su azoramiento cuando, una mañana de octubre de 1973, comenzó a funcionar el engranaje de la 'vuelta' ", sin embargo los alumnos recuerdan: Aun cuando los alumnos dejaran expresado explícitamente el sentido de la vuelta olímpica, los excesos no impiden que el rector las aprecie como un cuestionamiento a su autoridad: A principios de 1990 fue prohibido terminantemente el uso de animales y comida en los festejos de la vuelta.
María Ana era casi completamente sorda, y según su amiga la princesa Catherine Radziwill, "la llevó a mostrar una extrema timidez y azoramiento cada vez que se encontraba en compañía".
Pero el joven Rāma lo hizo con tal azoramiento que unió la cabeza de su madre al cuerpo de un paria que Yamad Agni también había mandado decapitar por sus infamias.
El azoramiento de las continuas advertencias y regaños, el vértigo de la ciudad, tal vez causas más íntimas, más pegadas al alma del trasplantado, iban demacrando su rostro y apagando sus ojos de un modo que llegó a parecernos alarmante.
Bola de Sebo, en el azoramiento de su triste despertar, no había dispuesto ni pedido merienda, y exasperada, iracunda, veía cómo sus compañeros mascaban plácidamente.
Leete no hubiese hablado con ese aire apologético y la Sra. Leete y Edith no hubiesen mostrado un correspondiente azoramiento, no me hubiese ruborizado, como soy consciente que lo hice.
Pero, a pesar de todo, en su rostro había una expresión de temor, de azoramiento que, de pronto, a la vista del cepo: una larga barra de hierro con sus correspondientes anillos colocada horizontalmente en un rincón de la celda, se convirtió en un loco terror, y sin poder contenerse gimió, dirigiéndose a son Simón Antonio: -¿Qué va a hacer conmigo, señor amito?
Me asustaba que ella se azorase, y no me asustaba menos mi propio azoramiento; pero me enteré de la hora a la que salía por la noche, con objeto de hacer nuestra visita a tiempo; y despidiéndome de míster Omer, de su linda hija y de los dos nenes, me fui en busca de mi querida y vieja Peggotty.
Llevaba la misma vestimenta y el mismo abanico que hace tres años... ¡Mi azoramiento y cobardía fueron mayores que nunca! Corté rapidísimamente la calle del Prado, luego que ella pasó, bien que sin quitarle ojo, para asegurarme que no volvía la cabeza, y cuando hube penetrado en la otra sección de la calle del Lobo, respiré como si acabara de pasar a nado una impetuosa corriente, y apresuré de nuevo mi marcha hacia acá con más regocijo que miedo, pues consideraba vencida y anulada a la odiosa bruja, en el mero hecho de haber estado tan próximo de ella sin que me viese...