ayes

ayes

(ˈaʝes)
sustantivo masculino plural
lamentos o quejidos Sus ayes se escuchaban desde la calle.
Ejemplos ?
Doña Teresa había muerto al sentir en su mano los besos y las lágrimas del Capitán Veneno, y una sonrisa de suprema felicidad vagaba todavía por los entreabiertos labios del cadáver. A los gritos del consternado huésped, seguidos de lastimeros ayes de la criada, despertó Angustias...
Los ayes desgarradores del moribundo se mezclaban con los de la bestia mecánica para perderse unidos en los imperceptibles remolinos del espacio.
Era... YOCASTA Y lanzaba al viento hirientes ayes desgarradores. Sus mejillas brillantemente enlagrimadas y el maquillaje maltratado, la asemejaban a una doliente madona.
— Resuelto a partir estoy.» Súplicas, ayes, caricias y especiosas reflexiones, fueron vanas tentaciones para el alma de don Luis.
del orden». Una descarga nutrida le hizo afirmarse en sus conjeturas; oyó gritos confusos, ayes, juramentos... No cabía duda, se había armado.
Una debe ayudar al prójimo... como verdadera cristiana. - habló la buena, y en diciendo esto, la dolorosa entró lanzando sus acostumbrados ayes. -¡Ah!
Como gritos de bestias agoreras volviéndose murmullos afrentados al descubrir la pequeñez de ser espacios mínimos de las moléculas se arrastrarían en ayes comprendiendo el hedor de sus bocetos.
Y algunos mas perspicaces Que ambas cosas dificultan, Que haya misterio sospechan Y del misterio murmuran. Asi pasó largo tiempo De la media noche, á cuya Hora cesaron de pronto Aquellos ayes de angustia.
Lloraba como siempre su destino la niña enamorada, los ojos de Sevilla en el camino, y en su Genaro el ánima extasiada: y así con triste acento daba sus ayes al nocturno viento: «¡Triste de mí que lloro »sin que mis ayes lleguen »al corazón que adoro!
Por eso en la torrecilla Del gótico alcazar luce La lámpara misteriosa Que pena y desvelo arguye En quien la habita, y por eso El reposo se interrumpe De la noche con los ayes Que necio pavor infunden En los guardias de la torre, Y cuyo son les aturde Mientras en el aire vaga Y en el aire se consume.
Sin que pudieran valerse, la multitud de ellos ase, de maldiciones e injurias y de improperios llenándoles, El crimen lamentan unos, claman otros por vengarle, y por doquiera retumban rezos, juramentos, ayes.
Y los ayes que exhala en su despecho el angustiado mozo, estremeciendo el cóncavo y estrecho y oscuro calabozo, llegan del carcelero hasta el oído, que a su voz suspirando estremecido compadece su afán desde su lecho.