Ejemplos ?
No sé cuántos días permanecí de este modo; pero al volverme en un furioso espasmo vi al padre Serapion, de pie en la habitación, observándome atentamente. Me avergoncé de mí mismo y, hundiendo la cabeza en mi pecho, me cubrí el rostro con las manos.
-Vamos -dijo aceptando la mano que le ofrecía para pasar por encima del guardafuegos y mirándome suplicante-, sabe usted muy bien que si fuera una mujer de estatura corriente no desconfiaría. Comprendí que tenía mucha razón, y me avergoncé un poco de mí mismo.
Nunca me avergoncé, ni aun delante de los escritores jóvenes de mi siglo, de admirar a Buffon; mas hoy no he de llamar en mi ayuda al alma de ese pintor de la Naturaleza pomposa.
7 Porque el Señor Jehová me ayudará; por tanto no me avergoncé: por eso puse mi rostro como un pedernal, y sé que no seré avergonzado.