aventurarse

aventurarse

(aβentuˈɾaɾse)
verbo pronominal
hacer algo peligroso o riesgoso Ulises se aventuró hacia lugares desconocidos.
Traducciones
Ejemplos ?
A inicios de la década de los años 1960, el neozelandés Bruce McLaren tenía una cierta experiencia en la Fórmula 1, pero a causa de sus desencuentros con el equipo Cooper quería aventurarse a conducir un coche fabricado por él mismo.
Una y otra vez repetía que no debían aventurarse a nada a menos que el ejército estuviera completamente seguro, una regla que él mismo incumplió en sus brillantes resultados de 1796.
En 1966 decidió aventurarse por primera vez en el mundo de la Fórmula 1, desarrollando junto a Robin Herd, su primer unidad para dicha categoría.
Aunque de los indios ya no quedara más que el recuerdo, era éste bien vivaz aún, y era preciso tener audacia para aventurarse a poblar tan lejos.
Lo infinito empezaba en la calle. Traspasado el umbral, nos hundíamos en el caos sin fondo y sin término, donde es locura aventurarse solo.
Cuando estuvieron lejos, salió Tom Pouce de su cueva. Temía aventurarse por la noche en medio del campo, pues una pierna se rompe enseguida.
l nombre, hermosísimas damas y nobles caballeros, de mi maravilla es Aventurarse perdiendo...
Por entonces sólo con buena guardia de escopeteros era dado aventurarse en los caminos mexicanos, donde señoreaban cuadrillas de bandoleros ¡Aquellos plateados tan famosos por su fiera bra-vura y su lujoso arreo!
Pero que segun el tenor de la relacion i oficio, como noticias que de momento a momento se están recibiendo, debia asimismo conforme a todo ello, no aventurarse la patria...
Del resto, dábale lo mismo ir a entregar, hurtándose a los perros bravos y a los ojos avizores, una carta amorosa de Pacheco, que era el tenorio lírico de la banda, y a cualquier chola guapetona; o adelantarse, casi corriendo, cuadras y cuadras, al grupo, para anunciar como heraldo la llegada, o, en fin, aventurarse por las mangas yerbosas en busca de un ternero, un chivo, un chancho o cualquier otro "animal de carne", al que hundía un largo cuchillo que punzaba el corazón, si no era que le seccionaba la yugular para satisfacer los nueve estómagos hambrientos, en las ocasiones, no muy raras, en que los "frejoles se veían lejos".
Ella, con palabritas cortadas y melindres, dio a entender que su corazón no era de cal y ladrillo; pero que como los hombres son tan pícaros y reveseros, había que dar largas y cobrar confianza, antes de aventurarse en un juego en que casi siempre todos los naipes se vuelven malillas.
Hombre hubo que me contó con toda seriedad que, extraviado una noche en el desierto, encontró las barras de Poruma y con ellas varios zurrones conteniendo plata de cruz, de la cual guardó en sus bolsillos muchas monedas; pero que cuando más tarde, provisto de agua y víveres, volvió a aventurarse, le fue imposible encontrar el sitio.