avariento


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avariento, a

adj./ s. Que tiene avaricia. avaricioso

avariento, -ta

 
adj. Que tiene avaricia.
Sinónimos

avariento

, avarienta
adjetivo y sustantivo
avaro, avaricioso*, ávido, codicioso, mezquino, tacaño, ruin, roñoso, cicatero, sórdido, miserable*, desventurado. derrochador, generoso.
«El avariento tiene el afán de guardar; el codicioso el de adquirir. No se dice ser avariento del bien ajeno, ni codiciar el bien propio, porque sólo es avariento el que posee, y codicioso el que desea. El avariento no expone nunca su caudal, por medio de una pérdida. El codicioso lo arriesga muchas veces, por el afán de la ganancia. Este es más digno de compasión, porque siempre va lejos de sí el objeto en que pone su felicidad; pero el avariento sabe que posee lo que cree que puede hacerlo dichoso, y se complace en cierto modo, con la falsa idea de que, si se priva de mucho, es por poder lograr de todo.»
José López de la Huerta
Traducciones
Ejemplos ?
Comprolas costosa casa, que es la frontera que vemos, con los adherentes todos que requieren tales dueños. Sólo en balcones y puertas quiso mostrarse avariento con los ojos, limitando la luz por rallos espesos.
Después que cerraba el candado y se descuidaba pensando que yo estaba entendiendo en otras cosas, por un poco de costura, que muchas veces del un lado del fardel descosía y tornaba a coser, sangraba el avariento fardel, sacando no por tasa pan, mas buenos pedazos, torreznos y longaniza; y ansí buscaba conveniente tiempo para rehacer, no la chaza, sino la endiablada falta que el mal ciego me faltaba.
son los que se están muriendo. La avidez del corazón del avariento, del cruel, es cosa melancólica. Consagrar la existencia entera a reunir dinero o a reunir súbditos o esclavos, es inconcebible para todo espíritu que no haya perdido el contacto fundamental con las realidades absolutas.
Ella fue aquel espléndido Eldorado, segundo Ofir, de la Codicia sueño, por peligroso mar, nunca surcado, de ella pedido con audaz empeño; los rubios partos de su seno hinchado hartaron casi a su avariento dueño, y en ella pudo realizarse sólo la pródiga ficción de Marco Polo.
¡Cuántos por tí condenados Para las llamas eternas! Y si no, dime tú ahora Qué logas o qué grandezas Consiguió el rico avariento Con ser tu amigo de veras?
La libertad al tirano le muda el nombre, y la avaricia al príncipe. Es de ver si puede ser cruel el dadivoso y justo el avariento.
Mas también quiero que sepa vuestra merced que, con todo lo que adquiría, jamás tan avariento ni mezquino hombre no vi, tanto que me mataba a mi de hambre, y así no me demediaba de lo necesario.
Decian el avariento y el logrero: No hay duda de que roba este hombre las provincias; afeaba sus rarezas el extravagante; decia el sensual que solo con sus gustos tenia cuenta; y esperaban las mugeres que en breve le sustituiria otro ministro mas mozo.
Mas el avariento ciego y el malaventurado mezquino clérigo que, con dárselo Dios a ambos, al uno de mano besada y al otro de lengua suelta, me mataban de hambre, aquellos es justo desamar y aqueste de haber mancilla.” Dios es testigo que hoy día, cuando topo con alguno de su hábito, con aquel paso y pompa, le he lástima, con pensar si padece lo que aquel le vi sufrir; al cual con toda su pobreza holgaría de servir más que a los otros por lo que he dicho.
Escuchaba el señor de la Olmeda con aquel aire de fisga y de despótica voluntad que era el suyo propio; porque, desde los veinte años, había hecho don Máximo cuanto se le antojaba, sin preguntar si se podía, sin reparar en que las cosas fuesen buenas o malas, lícitas o vedadas por ley moral o religiosa. Como todos los que derrochan en sus vicios, don Máximo era avariento en lo demás.
Era la del judío David, negociante en joyas, telas y pieles, y el pensil lo cuidaba su hija Séfora, que solía asomarse para regar y para colgar al sol la jaula de un malvís, el ruiseñor de aquella comarca. Aunque tan activo traficante, desmentía David las características del hebreo avariento y sórdido.
¡Lindas quimeras de mi edad pasada Que me dejáis el alma emponzoñada, Decid, ¿dónde habéis ido? »Lancéme a los deleites avariento, Gocé con ansia y apuré su hartura; Mi Dios y mi ventura Asentó en el placer mi pensamiento.