aullido

(redireccionado de aullidos)

aullido

1. s. m. Grito triste y prolongado del lobo, el perro y otros animales el aullido nos sobrecogió. aúllo
2. Sonido semejante a este grito el aullido del viento no les dejó dormir. bramido

aullido

(auˈʎiðo)
sustantivo masculino
1. voz aguda y prolongada de ciertos animales el aullido de un perro
2. sonido agudo y prolongado de una cosa Los niños se asustan con el aullido del viento.
3. grito agudo y prolongado emitido por una persona que siente un gran dolor físico o espiritual El enfermo daba aullidos de dolor.
Traducciones

aullido

howl, cry, wail

aullido

Heulen

aullido

hyle

aullido

SMhowl, yell
dar aullidosto howl, yell
Ejemplos ?
Y efectivamente del interior de la casa salia un ruido espantoso: aullidos, estornudos y de vez en cuando un estrepitoso golpe, como si un plato o una olla se hubiera roto en mil pedazos.
Nunca me imaginé que los monos pudieran concertar tan variadísimas sinfonías de chillidos, rugidos, lamentaciones, gritos, ronquidos, rebuznos y aullidos como los que estas bestias peludas, negruzcas, rojas y amarillentas componían desde sus alturas.
Contraída por el dolor, la boca entreabierta y desprovista de dientes, dejaba pasar algunos suspiros cuya lúgubre energía era sostenida por los aullidos de la tempestad.
A medida que avanzaban disparaban su fusilería a lo largo de las calles y contra los edificios, pero ya la ciudad estaba abandonada i solamente habían quedado muy pocos vecinos que estuvieron imposibilitados de salir y que, con el más grande dolor, vieron hollar el suelo machaleño. Durante las noches solo se oía descargas de fusil y aullidos de perros, los peruanos se aprovecharon de todos nuestros recursos.
La tradición guarda una idea confusa, y el principie por quien esto se supo habla vagamente de sierpes monstruosas y aladas que se precipitaron en las ondas del torrente, para aparecer de nuevo en forma de animales desconocidos y fantásticos; de conjuros tan temibles que a veces se cubría de manchas el sol y los montes se estremecían como cañas; de lamentos y aullidos tan espantosos, que la sangre se helaba al escucharlos.
Y los golpes, los denuestos, las injurias, los roncos aullidos de los mozos, que venían siguiendo al Rabeno desde otra parroquia, yéndole a los alcances, como alanos tras de la res, arreciaban; y en vano el doctor, suplicando, mandando, quería intervenir, interponerse para salvar al que acaso no era ya sino un cadáver...
Si te oyen mis patrones te pueden venir a matar. -Yo canto.- Desobediente el coyote comenzó su concierto de aullidos. -No cantes.- Más asustado prosiguió el perro viejo.
246 Ya començava la invocaçión con triste murmuro y díssono canto, fingiendo las bozes con aquel espanto que meten las fieras con muy triste son, ora silvando como dragón, e como tigre faziendo estridores, ora aullidos formando mayores que forman los canes que sin dueño son.
Todo le pareció envuelto en una atmósfera negra que flotaba confusamente sobre el exterior de las cosas, y la pena se hundía en su alma con aullidos suaves, como hace el viento en los castillos abandonados.
Y ahora se verá quien es de veras más digno del corcel y de la dama; aunque hablas de ella cosa fidedigna, y es que en el mundo no hay cosa tan digna.» Como suelen dos perros corajosos, o ya de envidia o ya de odio movidos, dentellando los dientes animosos con torvo gesto y más que ascua encendidos, venir a los mordiscos rabïosos con yertos cerros y ásperos aullidos; así al hierro entre injurias mano a mano llegaron el francés y el circasiano.
Y no hablamos del terror de la hija, porque, ya lo neutralizase la curiosidad, ya no tuviese acceso en su alma, más varonil que femenina, era el caso que la gentil doncella, desoyendo consejos y órdenes de la madre y lamentos o aullidos de la criada, ambas escondidas en los aposentos interiores, se escurría de vez en cuando a las habitaciones que daban a la calle, y hasta abría las maderas de alguna reja, para formar exacto juicio del ser y estado de la lucha.
Las espantables bestias prehistóricas, erizadas de dientes, púas y sierras; el oso de las cavernas, grande como un toro; el ciervo, enorme como un castillo y de sanguinaria ferocidad; toda la fauna horripilante, de formas fantásticas, aborto de una pesadilla de la Naturaleza, retrocedió en la noche, guiñando los ojos con aullidos de asombro, ante el rojo sol de la hoguera encendida en la lóbrega planicie, al amparo de cuya luz pudieron dormir tranquilos los humanos.